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El epidemiólogo Oriol Mitjà, que ha avanzado la compra de test rápidos de la consejería de Salud  / EP
Examen a los protagonistas de la semana

Oriol Mitjà

3 min

El 'espabilao'

No se sabe muy bien qué ha pasado entre el epidemiólogo Oriol Mitjà y el lacayo de Puigdemont que hace como que preside la Generalitat, Quim Torra, pero todo parece indicar que el en tiempos recientes Trapero de los virus ha caído en desgracia. Su obsesión por la hidroxicloroquina no le ha llevado muy lejos, el descubrimiento catalán de la vacuna que iba a asombrar al mundo no acaba de producirse, TV3 ya no le saca seis veces al día (prefieren a su némesis, el doctor Trilla) y el gorigori nacionalista en torno a su persona está francamente apagado.

Oriol no lo lleva nada bien, como demuestra un reciente tuit en el que se permitía calificar a nuestro incalificable gobiernillo de conxorxa d´enzes (título en catalán de la novela de John Kennedy Toole La conjura de los necios) y aseguraba que las medidas que se estaban tomando con respecto al Covid-19 eran una birria. La cosa sonaba a ataque de cuernos, pero la superioridad no se ha tomado ni la molestia de responderle.

Yo no sé cómo será este hombre como científico, pero descubrir a estas alturas que estamos en manos de una pandilla de idiotas --a los que no hace mucho aplaudía mientras exigía dimisiones en el ámbito español por lo del coronavirus-- no puede describirse precisamente como una epifanía, pues no pasa de arrebato tardío de lucidez: otros nos habíamos dado cuenta hace tiempo sin necesidad de pertenecer a la comunidad científica. En cualquier caso, más vale tarde que nunca: sí, Oriol, la administración Torra es catastrófica, ¡bienvenido al mundo real!

No hace mucho, Torra llevaba en palmitas al amigo Mitjà. Parecía el sustituto del mayor Trapero en el imaginario nacionalista, el héroe que todos estábamos esperando. El vicario lo coló con calzador en el equipo de expertos reunido para combatir la pandemia, TV3 hasta le dedicó un programa especial, solo le faltaba caminar sobre las aguas para que todos nos diésemos cuenta de que estábamos asistiendo a la segunda venida del Señor. Y de repente, ¡zas!, adiós muy buenas, Oriol, se acabaron el trato de favor, los halagos y la adulación sin que nadie del gobiernillo haya tenido a bien darnos algún tipo de explicación.

Lo único positivo del asunto es que Oriol Mitjà se ha dado cuenta, con rencoroso retraso, del personal con el que tenemos que pechar los catalanes en la cosa pública. ¿Se habría percatado del asunto de seguir en el candelero? Tengo mis dudas al respecto.