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Mónica Oltra, en un acto de su partido, Compromís, este sábado / EFE

Mónica Oltra

3 min

Todo menos dimitir

Pintan bastos en el gobiernillo valenciano y a Ximo Puig se le está acabando la paciencia ante la actitud numantina de su vicepresidenta, Mónica Oltra (Neuss, Alemania, 1969), que se resiste a dimitir, pese a haber sido imputada por un turbio asunto que involucra a su exmarido en un caso de abusos sexuales a una menor (que ya no lo es), tema que, además, competía a la consejería que ella dirigía cuando se produjeron tan inconvenientes acontecimientos. Aunque Puig le agradecería a la señora Oltra que se fuera a casa (o al carajo), ésta cuenta con la solidaridad de su partido, Compromís, que amenaza con cargarse el Gobierno valenciano si cesan a la jefa. El asunto hace tiempo que se arrastra, pero la imputación es reciente. Y alguien que, como Oltra, se pasó la vida en su momento exigiendo la dimisión de Paco Camps, la difunta Rita Barberá y otros (presuntos) mangantes del PP, se enroca ante la perspectiva de poner en práctica la suya propia. Asegura que no dimite por ética, estética y política. Y aprovechando su condición indudable de bestia negra de la derecha valenciana, presenta la cuestión como la lucha de una mujer honrada contra el fascismo, tendencia muy extendida últimamente entre lo que ahora se entiende por izquierda en España. Sobre la niña abusada, no le hemos oído gran cosa. Puede que sea un tema menor comparado con el asedio del fascismo.

En cualquier caso, la justicia la condenará o la absolverá. Y, mientras tanto, la interfecta debería quitarse de en medio y esperar a ver cuál es su destino judicial. No se hace ningún favor a sí misma (ni a su partido) con esa actitud arrogante y supuestamente anfifascista de la que hace gala y que tanto le alaban sus secuaces en el partido. El temita es feo, huele mal, hay indicios que apuntan a que la señora Oltra protegió a su maridito o hizo la vista gorda y conviene aclarar cuanto antes la cosa. A nivel personal, lo de no dimitir para plantar cara a la derechona no acaba de colar. Y a nivel de partido, no creo que la adhesión inquebrantable a la lideresa vaya a beneficiarle en lo más mínimo. Por no hablar de que cargarse el actual gobierno valenciano podría propiciar unas elecciones en las que volvieran al poder los de ese PP que tanta grima le daba a Mónica Oltra. En beneficio de todos, váyase, señora.