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Margarita Robles, ministra de Defensa / EFE

Margarita Robles

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No creo que la presencia de España vaya a ser fundamental para resolver la nueva crisis que plantea Rusia en relación a su actitud caciquil con Ucrania, pero me parece bien que la ministra de Defensa, Margarita Robles, haya autorizado un discreto desplazamiento de tropas hacia la zona afectada. Vladimir Putin empieza a comportarse como Adolf Hitler en su momento y todo parece indicar que hay que pararle los pies o, por lo menos, intentarlo.

No creo que a Europa le convenga adoptar una actitud como la que precedió a la Segunda Guerra Mundial, cuando todo el mundo miraba hacia otro lado mientras el Fuhrer iba anexionándose territorios tranquilamente para evitar, o retrasar, algo que acabaría produciéndose igualmente. En la mejor tradición a lo Neville Chamberlain, a Podemos le ha parecido muy mal la decisión de la ministra, que, según ellos, contribuye a una escalada de la tensión.

Yo diría que toda la tensión la pone Putin y que no se conseguirá nada razonable cediendo a la desfachatez del matón del Kremlin, que es lo que Europa y Estados Unidos están haciendo hasta ahora. Le dejamos hacerse con Crimea sin rechistar. Ya estamos hablando de que si solo se queda con la zona pro rusa de Ucrania igual no haya para tanto. Pronto saldrá alguien, probablemente de Podemos, con la teoría peregrina de que Ucrania nos cae muy lejos y que más nos vale desentendernos de sus problemas y que el humorista reciclado en político que está al frente de su gobierno se apañe como pueda con el matonismo de su país vecino. La excusa es fácil de imaginar: Ucrania está, le guste o no, en la zona de influencia de Rusia y tiene que aguantar las consecuencias.

Soy de los que creen que Ucrania tiene derecho a hacer de su capa un sayo porque los tiempos de la Unión Soviética han pasado a la historia, aunque Putin no se haya dado cuenta o pretenda que las cosas vuelvan a ser como eran antes de Gorbachov. Entre esos derechos figura, a mi entender, su posible voluntad de integrarse en la OTAN. Si opta por hacerlo, deberíamos darle la bienvenida, recordar de nuevo que Rusia es una dictadura infame dirigida por un matón y decirle a éste que si no le gusta tener tan cerca tropas de la OTAN, que se jorobe.

No digo que vaya a ser una situación agradable, pero sí la más justa y digna que se me ocurre. Total, con un cacique corrupto y totalitario como Putin no funcionan las medias tintas, como no funcionaron cuando Hitler se hizo con los Sudetes, se anexionó Austria y luego se vino arriba y le dio por invadir Polonia. Con los indeseables no se dialoga porque es algo que no se les da nada bien, sino que se les paran los pies o, por lo menos, se intenta. Si puede ser, sin llegar a las manos, que para eso están las sanciones económicas, pero no creo que esté de más marcar un poco de músculo militar cuando te las tienes que ver con un energúmeno de las dimensiones del camarada Putin.

Sé que habrá quien piense que la ministra Robles sobreactúa con sus últimas iniciativas militares, y que adopta una actitud propia de un lacayo del imperialismo, adelantándose a las instrucciones de Estados Unidos, el Gran Satán capitalista, pero mientras esa línea de pensamiento, por llamarla de algún modo, no vaya más allá de Podemos y su entorno, no hay por qué concederle mucho crédito. Queda por ver cuál será la actitud de Europa en su conjunto ante el expansionismo ruso y el bullying político-militar que practica su muy desagradable mandamás en la parte del mundo que considera erróneamente su patio trasero.