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El futbolista argentino Leo Messi / EP

Lionel Messi

6 min

"A working class hero is something to be"

Hace unos días vi una foto del futbolista Sergio Ramos en la que lucía una camiseta con la efigie de John Lennon y una frase extraída de una de sus canciones y que es la que da título a este artículo y que significa, para los que no sepan inglés, que merece la pena convertirse en un héroe de la clase obrera. No sé muy bien qué tiene que ver un tipo que se ha hecho rico dando eficaces patadas a un balón con la clase obrera que desvelaba a Marx y a Engels, pero el hombre lucía orgulloso la prenda como si su actitud vital hubiese contribuido enormemente a la mejora de las condiciones de la clase trabajadora. Esa imagen me llevó inevitablemente a otra, la de Lionel Messi presentando su dimisión por burofax, que me había indignado pese a que es público y notorio mi desinterés por el (supuestamente) noble deporte del balompié. Ambas me sacaban de quicio por motivos que pueden parecer clasistas --de eso me acusaron algunos usuarios de Facebook cuando le dediqué al de Rosario el Hombre del Sofá del pasado viernes en este diario--, pero que se basan en el estupor y la grima que me causa la actual posición social de los futbolistas estrellas en nuestro país. Sí, me revienta que un tarugo que no sabe hacer la o con un canuto sea un modelo a imitar y admirar. Anticuado que es uno. Perdón por el toque demagógico, pero me irrita que científicos mal pagados se estén dejando los cuernos para encontrar soluciones a enfermedades mortales mientras sujetos bendecidos por una habilidad superlativa con una pelota entre los pies se forran y, en ocasiones (como es el caso de Messi) intentan escaquearse de sus obligaciones a la hora de cumplir con el ministerio de Hacienda.

Lo sé, es la ley de la oferta y la demanda. ¿Pero no debería haber más demanda de una vacuna contra el Covid-19 que del triunfo en ligas nacionales e internacionales? Por eso aquí estoy de nuevo, arriesgándome a suscitar la ira de los miembros de Facebook con mis comentarios sobre Lionel Messi. No, no me ha gustado su manera de despedirse del club que le ha permitido ser quien es y acaparar la fortuna de la que dispone. No, no entiendo la admiración servil de sus fans, que lo responsabilizan de su felicidad (cómo detesto a esos que dicen ¡Hemos ganado! tras un partido triunfal cuando ellos, personalmente, no han ganado nunca nada). No, no puedo evitar recordar que Messi se negaba a bajarse el sueldo en plena crisis del coronavirus. No, no me gustó descubrir que, bajo la eficaz dirección de su progenitor (que debe ser como el de Macaulay Culkin), el futbolista se dedicaba a evadir impuestos. No, no me ha hecho feliz acabar de descubrir que gracias a la Fundación Leo Messi se despistaba dinerito supuestamente dedicado al bien a los bolsillos de Messi Sr. y Messi Jr.

 

 

Messi protagoniza una polémica fiscal por un supuesto delito de blanqueo de capitales a través de su fundación (09/12/2018) / EP

No, no me ha parecido digna la actitud de Bartomeu al presentar su dimisión si a cambio el working class hero argentino se queda en Barcelona. No, no me parece digna la obsesión del jugador (o de su padre) por no apoquinar la cláusula de rescisión que firmó en su momento. Por no hablar de asuntos secundarios, como la solidaridad de Messi con su amigote Luis Suárez, un hombre que mordía a sus contrincantes, o el ridículo comentario de Ada Colau suplicando a los involucrados que hagan lo posible para que el jugador no se vaya del Barça de sus (supuestos) amores…

En un mundo ideal, la dimisión de un millonario debería importarnos un rábano a todos. Tampoco creo que haya que convertir en un héroe a un mercenario pesetero que ya se está buscando la vida en el Manchester City de Pep Guardiola (aunque reconozco que me divierte la posibilidad, dado lo negado que está nuestro hombre para aprender idiomas, de que la plantilla al completo del club británico tenga que aprender español con acento argentino para entenderse con él). Lo reconozco, todo esto que digo son obviedades buenistas, pero si no las suelto, reviento. Parafraseando a Fraga: ¡A mí los escandalizados de Facebook, que los arrollo!