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Laia Estrada, diputada de la CUP por Tarragona / EUROPA PRESS

Laia Estrada

4 min

El feto reprimido

Si eres una chica de la CUP estás obligada a experimentar constantemente la represión del perverso estado español, tanto da si es real como imaginaria. De hecho, cuanto antes empieces a ser reprimida, más posibilidades tienes de hacer carrera en esa extraña pandilla independentista. En ese sentido, Laia Estrada Cañón (Tarragona, 1982) acaba de pasarles la mano por la cara a todas sus compañeras al declarar que ella ya sufría la represión en el vientre materno: aún no había nacido y el estado español ya le hacía la vida imposible por persona interpuesta, la autora de sus días, que en cierta ocasión fue detenida en una manifestación de la Crida y fue a parar al calabozo con el bombo puesto. De esta manera, Laia empezó a experimentar la represión española en el claustro materno, lo cual la coloca en muy buena posición con respecto a las compañeras que tuvieron que esperar a venir a este mundo para enterarse de cómo se las gastaba España.

Aunque ya estamos todos muy acostumbrados a las declaraciones peregrinas de las chicas de la CUP, hay que reconocer que esta historia de la represión uterina tiene mucho mérito y denota una capacidad innata (nunca mejor dicho) para el sufrimiento, lo cual permite augurar un futuro brillante para la señora Estrada Cañón. No es que las demás no se esmeren, que conste. En ese sentido, me parece muy destacable la epifanía experimentada por Dolors Sabater al darse cuenta de que el gobiernillo está compuesto por una pandilla de pusilánimes neo autonomistas que no se están dejando precisamente la piel por la independencia, de ahí que, según ella, convenga vigilarlos de cerca, otorgándose a sí misma gran parte de tan necesaria misión. De todos modos, hay algo de sobreactuación en la señora Sabater, conversa tardía a la causa de la CUP y que en cierta época fue de izquierdas. No sé cuándo empezó Sabater a experimentar la represión española, pero dudo que fuese antes que Estrada, toda una pionera del sufrimiento nacional.

Ante semejante muestra de masoquismo independentista, palidece el currículum de Eulalia Reguant, Mireia Vehí y demás figuras de la CUP. Hasta ahora, había que conformarse con un abuelo fusilado por los nacionales o un padre apaleado en alguna manifestación antifranquista, pero Laia Estrada inaugura un nuevo paradigma en el universo de la represión, demostrando que, cuando has venido a este mundo a sufrir, esperar a nacer para hacerlo es cosa de flojos y pusilánimes. Espero con ansia nuevas declaraciones de esta nueva estrella rutilante de la CUP, a la que auguro un futuro esplendoroso en su cuadrilla patriótica.