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Josep Lluís Trapero, mayor de los Mossos d'Esquadra / EUROPA PRESS
Examen a los protagonistas de la semana

Josep Lluís Trapero

5 min

Vuelve el héroe

Josep Lluís Trapero me parece el personaje más fascinante del prusés. No sé si tiene mucha suerte (más que Oriol Mitjà, en cualquier caso) o si es Maquiavelo con gorra de plato, pero las cosas no pueden salirle mejor. Primero, se pone de perfil cuando el grotesco conato de independencia y opta por la desidia y la dejación de funciones sin que se note en exceso. Luego, cuando lo pillan con el carrito del helado, declina convertirse en un héroe del soberanismo y adopta un perfil bajo hasta la llegada del juicio, negándose a participar en ninguna actividad lazi, ya sea política o social. No concede entrevistas, calla como un muerto, insiste en que él cumplió con su deber y confía en que su discreción le facilite las cosas, como así sucede cuando lo sientan en el banquillo. Hasta se saca de la manga un plan para detener a Puigdemont que no se sabe muy bien si existió o no.

Se las apaña a la perfección para presentarse como alérgico al nacionalismo --podemos considerarlo, a lo sumo, un charnego agradecido-- y defensor a ultranza de la ley y el orden y, como demostrar más allá de una duda razonable que se tomó el golpe con una inusitada pachorra resulta prácticamente imposible, sale a la calle limpio de polvo y paja. Allí le esperan los lazis con mando en plaza para devolverle el cargo de mandamás de los mossos y el hombre, tras hacer como que se lo piensa un poco y que no está para líos (habría tenido bastante fácil convertirse en jefe de seguridad del Bonpreu, sin ir más lejos), lo acepta y retoma las cosas donde las dejó. Impecable. Por el bien de la humanidad, este hombre debería escribir un libro explicando su método de ascenso social, que se convertiría en un best seller del sector de la autoayuda.

Aunque muchos pensamos que con lo del plan para detener a Puchi había perdido cualquier oportunidad de reintegrarse al sistema, ya hemos visto que no era así. El conseller de Interior no ha dudado en echarle un capote al afirmar su convicción de que el plan de marras fue una estrategia de la defensa, y el interesado no ha despejado las dudas al respecto, demostrando una vez más que domina como nadie el arte del silencio: mientras me devuelvan el cargo, que piensen lo que quieran.

Los políticos presos tienen mucho que aprender de Trapero. Aunque el PSOE se desviva para tramitarles el indulto, lo cierto es que ya llevan más de tres años en el trullo y que su insistencia en volver a liarla en cuanto tengan la más mínima oportunidad no predispone en su favor a ningún juez español. Que sigan sacando libros, que parroquia para ellos no les falta (si uno consulta la lista de libros de no ficción más leídos de Cataluña, saca la impresión de que los presidiarios patrióticos lo petan), pero que le echen paciencia a lo de volver a respirar el aire de la calle.

Mientras tanto, Trapero ha concluido brillantemente su travesía del desierto, vuelve a ser el héroe de la lucha contra el yihadismo y es considerado inocente por la justicia. Yo tengo mis dudas de esa inocencia y no soy el único: sigo pensando que jugó a dos barajas durante el cirio de 2017, cubriéndose las espaldas lo suficiente para que fuese indemostrable que así había sido. “Pero, señoría, si yo estaba dispuesto a detener a Puchi”, dijo Trapero. Y el juez se rindió o se aburrió​ y optó por perderlo de vista cuanto antes. Resultado: un win win para todos. La Gene hace como que prima la profesionalidad sobre la inquebrantable adhesión al régimen (lo cual no es cierto, como puede comprobarse observando a los miembros del gobiernillo) y Trapero recupera su lugar en la sociedad y un sueldo que debe ser bastante más alto que el del responsable de seguridad del Bonpreu. Bien está lo que bien acaba en la Arcadia catalana.