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J. K. Rowling, autora de la saga 'Harry Potter' / EFE
Examen a los protagonistas de la semana

J. K. Rowling

4 min

El 'sembrao'

La creadora de Harry Potter, la escritora británica J. K. Rowling, leyó un día una noticia sobre un simposio (o unos cursos, ya no lo recuerdo exactamente) acerca de la relación entre el coronavirus y las personas que menstrúan. La expresión “personas que menstrúan” le pareció una memez y contestó a la propuesta con un tuit irónico en el que fingía no acordarse de cómo se llamaban esas personas que menstrúan, deslizando distintas variantes, con las letras desordenadas, de la palabra “mujeres”.

Como la mayoría de nosotros, la señora Rowling cree que la menstruación es una exclusiva femenina, pero lo que resulta evidente para algunos no lo es para otros: enseguida fue cubierta de insultos por personas transexuales, activistas queer, profesionales del progresismo y hasta los actores de las adaptaciones de sus libros, como Daniel Radcliffe o Emma Watson.

El sentir general era que J. K. Rowling odiaba a la comunidad trans y contribuía con su comentario irónico al empeoramiento de las condiciones de vida de sus miembros/as. Solo era una broma de alguien que siempre se había manifestado a favor de que todo el mundo viviera su sexualidad como mejor le pareciese, pero el sector políticamente correcto del colectivo LGBTI se lanzó sobre ella como si fuera una reaccionaria cargada de odio. Hasta hubo un tuit en el que se afirmaba que hay mujeres trans que menstrúan, cosa que desafía por completo a la lógica, pero que hay que hacer como que te tragas si no quieres que te busquen la ruina.

El número de gente que se muere por sentirse ofendida va creciendo de manera exponencial sin que nadie le ponga coto al delirio. Al contrario, se sobreactúa en el apoyo a ese delirio por miedo a quedar como un troglodita. Tras la muerte de George Floyd, HBO ha retirado de su catálogo, por racista, Lo que el viento se llevó. Me pregunto cuánto faltará para que retiren Rebeca porque la siniestra señora Danvers es una lesbiana más mala que la tiña que deja en muy mal lugar al colectivo sáfico.

Todas las buenas ideas nos las acabamos cargando. Todo lo que empieza bien acaba mal. Sucedió con la corrección política (un intento de acabar con la grosería, el machismo y el racismo en el lenguaje), con el movimiento Me Too (metiendo en el mismo saco a gentuza como Harvey Weinstein y Jeffrey Epstein y a personajes, por lo menos, merecedores de un poco más de respeto como Woody Allen y Roman Polanski) y con los derechos de las minorías sexuales. Si alguien se empeña en sustituir a las mujeres por “personas que menstrúan”, no es de extrañar que alguien se subleve, como ha hecho la señora Rowling con sentido del humor, sin ánimo insultante y con ganas de poner las cosas en su sitio ante tanta tontería supuestamente progresista.