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El presidente francés, Emmanuel Macron, dirigiéndose por televisión a los ciudadanos / TF1

Emmanuel Macron

4 min

El matón inesperado

Sí, los antivacunas pueden llegar a resultar exasperantes. Todos tenemos que aguantar a alguno, incluso entre nuestros seres queridos. Gente que te insiste en que no te vacunes, que te puede dar un ictus, y que se preocupa seriamente por ti (a su manera). Del sector magufo a lo Miguel Bosé ya no vale ni la pena hablar, aunque hay que reconocer que sus miembros pueden llegar a parecernos divertidos: todo depende de su nivel de insania; cuantos más microchís en la vacuna y más intentos de control de la humanidad vía inyección, mejor a efectos cómicos. Pero en situaciones como ésta tampoco es muy aconsejable dedicarse a matar moscas a cañonazos, que es lo que ha hecho el presidente francés Emmanuel Macron (Amiens, 1977) con sus agresivas declaraciones asegurando tener muchas ganas de joder (emmerder, que también puede traducirse por incordiar) a todos los compatriotas que se niegan a vacunarse contra el coronavirus.

La verdad es que el exabrupto nos ha cogido por sorpresa a todos, pues es más propio del Nicolas Sarkozy que se quitaba a los pelmazos de encima con expresiones barriobajeras como Casse toi, pauvre con (Lárgate, gilipollas) que de un señor tan pulcro y educado (hasta ahora) como Macron. Muchos no entendemos qué le ha dado, a qué ha venido ese arrebato a lo John Rambo o Harry el Sucio, tan inesperado y sorprendente en alguien como él, que a menudo adopta tonos de pisaverde. Tengo una teoría carente de cualquier base científica, pero que a mí me funciona. Verán:

Hace unos días, ciertos liantes de extrema derecha hicieron correr el bulo de que la mujer de Macron, Brigitte, no era exactamente una mujer. Según estos desaprensivos, madame Macron habría nacido varón (y hasta daban el nombre según ellos auténtico de la supuesta primera dama trans), convirtiéndose posteriormente en algo parecido a una mujer. Ignorando la evidencia de que Brigitte tiene hijos alumbrados personalmente en persona (como diría el Cattarella de las aventuras del comisario Montalbano), los maledicentes trataban de reverdecer, por persona interpuesta, las viejas teorías sobre la supuesta homosexualidad de Macron. Pongámonos en la piel del actual presidente de la República francesa y acabaremos alumbrando un monólogo interior muy parecido a éste: “Primero se burlan de mí porque, según ellos, me he casado con una vieja. Acto seguido, me tildan de maricón de armario por vivir con una mujer que, ciertamente, me saca unos añitos pero, ¿qué les importa eso a ellos? Para rematar la jugada, ahora resulta que la pobre Brigitte es una yaya trans. Han conseguido cabrearme y alguien lo va a pagar. Por ejemplo, los malditos antivacunas, que me tienen hasta el gorro frigio”.

Dicho y hecho: al que no se vacune, le voy a joder la vida. Años de pulcritud y contención echados a los cerdos por culpa de un cabreo impropio del frío enarca que todos creíamos que era nuestro hombre. No sé si es una teoría que se aguante por algún sitio, pero a mí me satisface a falta de otra mejor. Se aceptan sugerencias.