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El presidente de EEUU, Donald Trump / EFE
Examen a los protagonistas de la semana

Donald Trump

4 min

El bicho se muere con el 'caloret'

Donald Trump ha pillado un virus en el que no creía, al principio, y al que despreciaba, después. ¿Justicia poética? Yo diría que sí, sobre todo al enterarme de que ha sido contagiado por una colaboradora llamada Hope (Esperanza). Tanto burlarse de las medidas emprendidas para frenar la pandemia para acabar contaminado por el virus ése que, según Trump, se lo habían inventado los chinos para jorobar a Occidente en general y a los Estados Unidos en particular. Me sorprende que se lo haya pasado a la pobre Melania, pues tengo la impresión de que la exstripper eslovena hace años que no lo toca ni con un palo, pero no hay que descartar que, ejerciendo de abnegada madre, Melania haya actuado de escudo humano para que su querido retoño, el melancólico Barron, no se contagie también.

La noticia de Donald y el virus ha dividido a la humanidad entre los que quieren que el actual POTUS venza al bichito chino y los que desean que sucumba a su influjo. Yo no estoy ni con unos ni con otros. Como en el caso de Mainat, creo que Trump merece un castigo, pero tampoco hay que exagerar: no hace falta situarlo dos metros bajo tierra y muchos nos conformaríamos con que perdiera las elecciones y lo crujieran en una larga serie de juicios que abarquen la totalidad del código penal: de la evasión de impuestos al abuso sexual, pasando por la vileza audiovisual (no sé si este delito existe) de The apprentice (El aprendiz). Un reality show en el que una pandilla de infelices que adoraban a Trump y querían ser como él competían por un cargo en una de sus empresas para acabar, en la mayoría de los casos, enfrentándose al dedo acusador de The Donald y su célebre mantra You´re fired (¡Estás despedido!). Y si ganabas, la cosa podía ser aún peor: durante una estancia en Nueva York me tragué el episodio final de la temporada y luego me enteré de que, al ganador, que era afroamericano (o sea, negro), le cayó la tarea imposible de salvar una empresa ruinosa del magnate, emplazada para más inri en un estado del sur, cuyos trabajadores y sindicalistas estaban que trinaban y un poco más y me lo linchan. ¡Para que te fíes de Trump, vamos!

De todos modos, lo más humillante de este asunto no es acabar contaminado por un virus cuya existencia te has tirado meses matizando, sino que tu competidor por la presidencia haya dado negativo en el test de la enfermedad. Te vas al primer debate y le llamas tonto y senil, pero luego resulta que Biden está como una rosa y que tú has pisado mierda e igual no hay más debates en los que lucir tu habitual conducta versallesca. Igual hasta pierdes las elecciones porque incluso tus compatriotas más zotes te han tomado la medida.

Desacreditado y ahora enfermo, Trump no lo tiene fácil para hacerse con cuatro años más para seguir poniéndolo todo patas arriba. Es una lástima que los demócratas solo hayan podido encontrar un candidato cuyo principal mérito es no quedarse dormido, cual abuelo Simpson, en medio de su propio discurso, pero es lo que hay. Y disfrutando de un presidente como Pedro Sánchez, ¿quién soy yo para decirles a los americanos que Biden no es gran cosa?