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El excargo de CDC y empresario independentista David Madí / EUROPA PRESS

David Madí

4 min

Y ahora, las ambulancias

Cada cierto tiempo, ese gran liante que es David Madí (Barcelona, 1971) aparece en los papeles por algo que se parece mucho a una nueva de sus trapisondas para pillar pasta. Madí es, antes que nada, un independentista de piedra picada, aunque eso no le ha impedido ocupar cargos importantes en empresas de ámbito estatal porque él es como el Gran Ganga de Almodóvar y McNamara y va y viene y por el camino se entretiene. Pero el dinerito le gusta con locura, rasgo que tiene en común con muchos otros lazis de esos que encuentran perfectamente compatible la búsqueda de la independencia con el incremento de su patrimonio.

Si no recuerdo mal, la última vez que pillaron a Madí con el carrito del helado fue en relación con un conato de chanchullo en torno a los fondos Next Generation de la Unión Europea. Antes de eso, su nombre apareció entre los de la pandilla del 3%. Y antes aún ejerció de spin doctor de Artur Mas y fue uno de los que le convencieron para que tirara adelante con lo de la independencia chapucera que culminó de manera igualmente impresentable el inefable Puigdemont (puesto a dedo por el Astut cuando la CUP lo envió a la papelera de la historia). Madí lleva dando la brasa soberanista desde la adolescencia, y metiéndose en fregados complicados de los que, hasta ahora, siempre se ha salido de rositas y, por regla general, con unos monises más en el bolsillo. Veremos si se sale también del cirio que ha montado en Euskadi y Aragón para hacerse con el control de las ambulancias de esas dos comunidades, plan para el que contaba con un señor que antes había trabajado para el sector del juego como director general de Cirsa.

Tras tomar el control de la empresa catalana Ambulancias Egara, Madí se alió con un vasco algo turbio que había sido apeado de un cargo público por corrupción. De Euskadi pasó a Aragón con el de Cirsa. Por el camino, consiguió cabrearse con quienes se encargaban hasta entonces del asunto, con quienes anda metido en pleitos. Esta vez, la trapisonda no tiene nada que ver con la política. Solo son negocios. Y puede que los últimos que pueda llevar a cabo, pues se comenta que no anda especialmente boyante en los últimos tiempos, pese a su feliz matrimonio con la viuda del doctor Corbella, también conocido como el Pantocrator (Maria de la Pau Janer es tan de derechas como Madí, pero ejerció de pepera en Palma de Mallorca y mantuvo una entrañable amistad con ese modelo de ética política que fue Jaume Matas).

De la independencia a las ambulancias. Las más altas aspiraciones son compatibles para Madí con lo de pillar cacho. ¿Volverá a salir indemne del lío de las ambulancias, como salió del 3%, de los Next Generation y de todos sus complots independentistas? La verdad es que no me extrañaría nada.