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La exconsejera de la Generalitat Clara Ponsatí / EURUPA PRESS
Examen a los protagonistas de la semana

Clara Ponsatí

5 min

La abuelita rencorosa

Pese a su aspecto de dulce abuelita, impropio de una mujer que tiene un año menos que yo, Clara Ponsatí (Barcelona, 1957) ofrece todo el aspecto de ocultar en su interior a una arpía que no es que esté pugnando por salir, sino que lo hace con inusitada frecuencia.

En el lamentable contingente de falsos exiliados políticos, la señora Ponsati (el acento en la i es un añadido al original para que suene más catalán) lucha a brazo partido con Toni Comín para ver quién es más grosero y desagradable con el país cuyo nombre figura en su pasaporte. A ambos les va la chulería. Y las declaraciones incendiarias emitidas, eso sí, a una distancia prudencial de la frontera española

Cada uno tiene sus motivos para comportarse como lo hace. Comín es un arribista profesional que, tras pasar por diferentes partidos políticos, ha recalado en Junts x Puchi para chupar del bote y darse pisto: un chaquetero despreciable que debe tener a su pobre padre, el bienintencionado Alfonso Carlos Comín de Cristianos para el Socialismo, revolviéndose en su tumba a diario.

Pero Ponsatí yo diría que se mueve guiada por el rencor hacia el país que le retiró en 2013 la cátedra Príncipe de Asturias que detentaba en la universidad norteamericana de Georgetown cuando empezó a coquetear con el lazismo. Lo que ella consideró un acto de censura y de intolerancia, a muchos nos pareció el castigo lógico para alguien que vive a costa del contribuyente español y se dedica a morder la mano que le da de comer.

Pero tengo la impresión de que el cese de 2013 precipitó la creación del monstruo lazi cuyas inconveniencias desde Escocia o Bélgica tenemos que soportar estoicamente, dando gracias porque nos ahorre la presencia de su abogado, Aamed Anwar, irritante lechuguino indo-británico con traje de tres piezas que lo acredita como un genuino Punjab gentleman, es decir, un producto del colonialismo que en vez de tomarla con los ingleses prefiere compartir el odio a España de su representada.

La abuelita rencorosa acaba de calificar a los mossos d´esquadra de fuerzas de ocupación, cosa que, si ya aplicada a la policía española resulta discutible, en relación a la autonómica suena directamente demencial. Previamente, manifestó su solidaridad con “los héroes de la batalla de Urquinaona”, que es como ella llama a los animales de bellota que intentaron quemar Barcelona el año pasado con sus protestas por el envío al talego de los responsables del conato de golpe de estado de octubre de 2017. No sé cuál será la próxima burrada que saldrá de los labios de la dulce abuelita, pero estoy seguro de que estará a la altura de las anteriores.

Supongo que, como en el caso de Comín, es el papel que le ha tocado. Como Puigdemont debe mantener cierto tono institucional -se supone que se pasa el día despachando con mandatarios internacionales-, de los exabruptos se tienen que encargar sus secuaces. Y como al eminente folklorista Puig i Gordi se ve que no le salen, ha habido que dejar el tema en genuinos fabricantes de bilis negra como Comin y Ponsatí.

Dejémosles que se desfoguen, pues ya tendrán tiempo para relajarse en el talego, donde acabarán tarde o temprano a no ser que Sánchez los indulte a distancia para conservar el sillón. Lo que, lamentablemente, podría acabar ocurriendo. En el ínterin, Clara, a seguir ladrando cual caniche rencoroso y con muy mala baba, que eso lo bordas: más peligro tenías cuando estabas al frente de la Consejería de Enseñanza.