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Brooklyn Beckham y Nicola Pelth /INSTAGRAM

Brooklyn Beckham

4 min

¡Se nos ha casado el niño!

Hasta en la sección de celebrities del diario británico The Daily Mail (versión corregida y aumentada del periódico en el que trabajaba el repórter Tribulete, El Chafardero Indomable) se han llevado las manos a la cabeza ante el oneroso bodorrio de Brooklyn Beckham (Londres, 1999) con la actriz y modelo Nicola Peltz. Nada menos que tres millones y medio de libras han costado la ceremonia y la fiesta celebradas en Palm Beach. O cuatro, si le añadimos a la factura el medio kilo que les han soplado a papá y mamá por el Jaguar retro y descapotable que le han regalado a su niño querido para la ocasión. De todos modos, no parece que semejante despilfarro vaya a incidir de manera excesivamente negativa en las cuentas bancarias de los padres de la criatura, que son el famoso futbolista tatuado David Beckham (pasó por el Real Madrid, ¿recuerdan?) y la antigua cantante de las Spice Girls Victoria Adams (que aprovechó la estancia en la capital del reino para llegar casi a las manos con nuestra Ana García Obregón, a la que detectó muy interesada en su maridito, aunque Ana lo negó todo), conocida como Posh Spice (o la Spice pija: cada una de aquellas petardas tenía un apodo, como los súper héroes de la Marvel).

A sus veintidós años, el bueno de Brooklyn no ha tenido tiempo de hacer gran cosa, pero yo diría que tampoco le ha puesto muchas ganas, como si fuera plenamente consciente de que, con el dinero de papá y mamá, hay suficiente para varias generaciones de Beckhams que no hará falta que doblen jamás el espinazo. Ha hecho de modelo y dice que es fotógrafo. Lo primero es indudable, pero sobre lo segundo hay serias dudas entre los profesionales de la cámara. Algunos ya pusieron el grito en el cielo cuando, a los dieciséis años, Burberry le encargó una campaña al chaval que no obtuvo precisamente el aplauso generalizado de sus colegas. En fin, el tiempo dirá si el muchacho sirve para algo o no, pero al Daily Mail no le ha sentado nada bien su tendencia al despilfarro y así se lo ha hecho saber, que para algo es el diario de las clases populares adictas al pub y a retorcer el colmillo ante los excesos de los ricachones.

A mí, en realidad, Brooklyn Beckham ni me va ni me viene. A los que tengo manía desde siempre es a sus padres. Dado mi asco visceral por el fútbol y todo lo que lo rodea, me revienta que alguien como David Beckham pueda hacerse multimillonario dándole patadas a un balón (aunque ya sé que rige la ley de la oferta y la demanda). Y dado mi amor a la música pop, también me revienta que alguien pueda lucrarse a través de un grupo tan tonto como las Spice Girls (y pasarse luego al diseño de moda, que es a Victoria Adams lo que la fotografía a su retoño, me temo). Eso sí, ambos se han retratado con el bodorrio del niño, una genuina celebración de nuevos ricos con la que no se había atrevido hasta ahora ni la Casa Real (la boda de Meghan y Harry fue discreta en comparación con ésta). ¿Alguien se imagina al hijo de David Bowie o a alguno de los cuatro de Bryan Ferry casándose de esta manera desmesurada? No, ¿verdad? Y es que todavía hay clases.