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Amparo Izquierdo, camarera en el Parlament / TV3
Examen a los protagonistas de la semana

Amparo Izquierdo

4 min

¡Cómo está el servicio!

Un reciente reportaje en el Telenotícies de TV3 sacó a la luz una incómoda y desagradable realidad para el lazi medio: trabajando en el Parlament hay gente que tiene el descaro de dirigirse a los señores diputados autonómicos en castellano. En esa lengua se expresaba una señora de la limpieza, a la que los patriotas que veían el reportaje en cuestión le perdonaron la vida porque prefirieron tomarla con una camarera del bar que tampoco dominaba la bella lengua de Verdaguer, Amparo Izquierdo, nacida en Las Pedroñeras, un pueblo de Cuenca de 7.000 habitantes que actualmente reside en una localidad del Maresme desde la que se desplaza cada mañana a la capital para servirles los cafelitos a sus señorías.

Tras tildarla en las redes sociales de "colona", "lerda" o "chusma" algunos llegaron al extremo de exigir su despido inmediato, obedeciendo, en teoría, a la indignación nacionalista y, en la práctica, al viejo tic clasista que antes se resumía en la expresión que da título a este texto. Parece que las clases subalternas no cumplen haciendo bien su trabajo si no lo hacen en la lengua adecuada. Comparado con estos señoritos, aquello que dijo hace años el inefable Salvador Sostres de que él solo recurría al castellano para comunicarse con el servicio se revela como una admirable muestra de tolerancia.

No es la primera vez que esta actitud despreciable se pone de manifiesto. Ya la vimos cuando el cierre de Nissan: como la mayoría de los afectados por la catástrofe laboral se expresaba en castellano, un sector muy nutrido del lazismo llegó a la conclusión de que merecían irse al paro. La tragedia personal de miles de familias se la pelaba a nuestros hiperventilados: el único parado digno y merecedor de compasión es el parado catalanoparlante. Evidentemente, quienes piensan así no tienen ningún problema de dinero y compiten entre sí para ver quién pone a ondear la estelada más grande en su segunda residencia. Para ellos, hasta para servir cafés y limpiar las instalaciones gubernamentales hay que tener el nivel C de catalán. En caso contrario, a la calle y a ser sustituido por alguien que no se exprese en la lengua del enemigo. ¿Algún comunicado oficial de las autoridades para desautorizar a los patriotas intolerantes? Ni hablar. Que salga su tía en defensa de quien saca brillo a los escaños o sirve refrescos. Que encajen la ofensa en silencio y que den gracias al Señor por no perder su puesto de trabajo.

A ninguno de estos indignados se le ha ocurrido jamás afearle la conducta a Leo Messi por no haber aprendido ni una palabra de catalán en veinte años, pues en la Cataluña catalana algunos están exentos de aprender el idioma local. Cruyff tampoco la aprendió y nadie exigió su cese inmediato como jugador o entrenador del Barça. Puro clasismo: al que ayuda a elevar la autoestima del lazi medio se le consiente todo; a los esclavos, nada. Y así caminamos hacia la independencia, en teoría, o hacia ninguna parte, en la práctica. Y una señora de Cuenca se convierte a su pesar en un ejemplo de todo lo que va mal por estos pagos y en un ser humano a defender si uno no es un despreciable racista como todos los que pedían su cabeza en las redes sociales.