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Gemma Tarafa, concejal de Salud de Barcelona / AJUNTAMENT

Gemma Tarafa

3 min

El Ayuntamiento de Barcelona trasladará finalmente el albergue para personas sin hogar toxicómanas de Les Corts a su nueva ubicación en el Hotel Aristol del barrio del Baix Guinardó, a apenas diez metros de la escuela de infantil y primaria Mas Casanovas. El consistorio de Ada Colau ha hecho oídos sordos a las reclamaciones de los vecinos y familiares de este colegio considerado de Alta Complejidad, que pedían su reubicación en otro lugar, habida cuenta de los problemas de convivencia e higiene denunciados por algunos vecinos de los alrededores de su actual emplazamiento en la Fundación Pere Tarrés en los últimos meses.

La concejal de Salud del ayuntamiento, Gemma Tarafa, desgranó los buenos resultados que este equipamiento ha aportado a sus residentes --algo que nadie pone en duda, pues sólo se cuestiona su nueva ubicación--, y alardeó de haber llevado adelante el proyecto con transparencia y diálogo. Algo que, sin embargo, contrasta con lo que explica la Asociación de Padres y Madres (AFA) de la escuela Mas Casanovas, que asegura haber conocido sus planes a mediados de diciembre, y de forma casual.

Por otra parte, también causa estupor que el Ayuntamiento de Barcelona dejara en manos de la Associació Benestar i Desenvolupament (ABD) --entidad que ya gestiona el centro de toxicómanos en Les Corts, y única que se presentó a concurso-- la aportación de la nueva ubicación, y que ninguna de las partes haya considerado ningún riesgo que ésta sea junto a un colegio

Además de ello, los responsables municipales y de ABD reconocieron la existencia de dificultades en la negociación con los propietarios y la gerencia del hotel ya empezado 2022, a pesar de que el contrato para abrir y gestionar la nueva sede del albergue tiene fecha de 1 de enero. Lo cual genera dudas sobre cómo se ha llevado a cabo el proceso.

En definitiva, por proteger a un colectivo vulnerable y que requiere la existencia de este equipamiento necesario, como son las personas sin hogar toxicómanas, el consistorio parece haber olvidado a otro colectivo no menos sensible: los niños.