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Imagen del ingreso de Carme Forcadell en la prisión tarraconense de El Catllar / EFE

La ventaja de llamarse Forcadell

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Carme Forcadell lleva menos de un mes en la cárcel de El Catllar y, según cuentan funcionarios de la prisión, tiene un trato de favor, o al menos un trato del que no disfrutan el resto de las inquilinas del centro penitenciario de Tarragona. La expresidenta del Parlament recibe una media de 10 visitas diarias, desde familiares hasta amigos, pasando por compañeros de partido y, evidentemente, sus abogados, algo sin duda poco habitual.

Las presas que comparten recinto con Forcadell no salen de su asombro cuando se las conmina a abandonar la calle Mayor, una vía central del penal, por donde las presas acuden a los servicios de la prisión o a otros módulos, para que la expresidenta del Parlament pueda acudir a sus citas “preservando su intimidad”. Vamos, que no dejan que se cruce con ellas. Estos encuentros se realizan en un despacho de la prisión que ha sido habilitado para que Forcadell pueda tener sus reuniones privadas en un entorno que se asemeja más a su despacho que a un habitáculo de prisión.