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Ricard Poy, director del 'Diari d'Andorra' y periodista obsesionado contra 'Crónica Global' / CG

La obsesión de Poy con 'Crónica Global'

05.03.2019 08:39 h. Actualizado: 05.03.2019 08:51 h.
3 min

El director del Diari d’Andorra, el medio más servil y palanganero de cuantos existen en el Principado, el pseudoperiodista nacionalista Ricard Poy, vive obsesionado con Crónica Global. No le gustaron nuestras informaciones sobre los entresijos del caso BPA, las noticias del ministro de Finanzas de su país, tampoco el libro que le dedicamos a Jordi Cinca, ni le debió gustar que el responsable de la crisis financiera del país se envainara ante los tribunales la demanda que cursó contra este medio.

Es, en definitiva, un obseso contra este digital, al que disfruta calificándolo de manera torticera de "diario de ultraderecha". Tan servil y entregado está al gobierno de Antoni Martí, actual jefe del Gobierno del país pirenaico, que ya escribe editoriales en los que avisa de que, como hay elecciones recientes en ciernes, habrá campañas de descrédito contra sus jefes políticos. Todo un crack el informador, el mismo que un día llegó a decir que el medio andorrano tenía más audiencia que Crónica Global al equivocarse al citar el dato auditado.

Poy está tan entregado a la banca andorrana y al partido que gobierna que presenta ya serias dificultades de análisis. Sus escrutinios, que se repiten como el alioli, ponen en evidencia que, en su caso, el periodismo quedó en entredicho y que el medio donde conspira apenas podría superar un polígrafo de fake news andorranas. La nula capacidad crítica del periodista, líder de un medio que lleva el nombre del país en la cabecera y donde seguro existen buenos profesionales, ha sido evidente ante la crisis financiera desatada por la intervención de BPA o la presión española y estadounidense sobre el sector bancario. Tanto defendió a los suyos, los que gobernaban y a los banqueros a los que benefició la medida en primera instancia, que bordeó el ridículo profesional en no pocas ocasiones. Eso sí, vive instalado en una burbuja con aires de relato nacionalista desde donde extiende el estiércol de la sospecha sobre sus competidores y es del todo incapaz de percibir el mal olor que se extiende a su alrededor.