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Carles Puigdemont posa en septiembre de 2019 en Waterloo con varios seguidores, entre ellos Fredi Bentanachs (d) uno de los fundadores de Terra Lliure (TWITTER)

Puigdemont, el huidizo

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¿De qué sirve disponer de rectores y decanos independentistas en las universidades catalanas? Sin duda, ayuda a la causa, sobre todo para aislar el mundo académico del entorno español, pero poco más.

Conocidos independentistas han tenido al alcance de la mano aprovecharse de las circunstancias y no lo han hecho: ni siquiera han acabado la carrera. Es el caso de Carles Puigdemont.

El expresidente fugado era estudiante de periodismo en 1992, cuando Enric Marín, independentista de la órbita de ERC con Ángel Colom y Pilar Rahola ya al frente del viejo partido, era el decano de la facultad correspondiente de la Universitat Autónoma de Barcelona. Joan Manuel Tresserras, con la misma trayectoria y militancia de Marín, era el director del departamento de periodismo. Tresserras llegó a ser conseller de Cultura con el tripartito; y Marín, director general. Por Esquerra, claro.

Terra Lliure había abandonado la lucha armada en 1991 y el grueso de sus miembros se había arrimado a Colom y a ERC, pero como no todos los militantes estaban por la vía democrática –algunos ingresaron en ETA-- la justicia lanzó una redada en vísperas de los Juegos Olímpicos de Barcelona para descartar sorpresasSe le llamó operación Garzón y llevó al calabozo a una cuarentena de simpatizantes de la independencia y de los modos de Terra Lliure, entre los que figuraban alumnos de periodismo de la UAB. Algunos denunciaron torturas cuando fueron liberados sin cargos meses después.

Entre los arrestados no estuvo Puigdemont, que muy oportunamente desapareció de la facultad sin dejar rastro, se alejó de sus camaradas con rapidez, pidió una excedencia en Punt Diari y se marchó a Francia para cursar estudios. Aunque no tenía el título, era redactor jefe del diario, donde gozaba de buenos apoyos como evidencia el hecho de que se le concediera el permiso a pesar de que parte de los actos de los Juegos Olímpicos tenían lugar en Girona: la llama olímpica, de hecho, entraba en España a través de Sant Martí d’Empúries.

Puigdemont nunca acabó la carrera, fue diputado, alcalde de Girona y presidente de la Generalitat. Luego, como todo el mundo sabe, volvió a fugarse del país.

¿Qué más le da a un político como Puigdemont disponer de unas autoridades académicas independentistas, si ya se lo dieron todo y ni siquiera terminó la diplomatura? ¿Aspirará quizás a un Honoris Causa?