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El agresor de la reportera en Vilafranca formaba parte de una colla castellera como la que se ve en la imagen

El agresor no era español, sino mosso

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El Telenotícies Midgia de TV3 de este sábado ha informado sobre la detención del presunto agresor sexual a una reportera durante la jornada castellera de las fiestas de Sant Félix de Vilafranca del Penedès. De hecho, la noticia ya se conocía, pero los servicios informativos de la televisión pública catalana han añadido dos detalles. Que el arrestado era miembro de una colla castellera y que era de "nacionalidad española".

A cualquiera que siga atentamente TV3 la palabra "España" o "español" le llama la atención porque están desterradas del libro de estilo de la redacción. Cuando hablan del tiempo que va a hacer en España se refieran a la Península, de la misma manera que insisten en llamar País Valenciano a Valencia e islas a las Baleares, como si formaran parte de Cataluña. Como si fueran las Medes, más o menos.

Por esa razón, la identificación de la nacionalidad del presunto agresor ha llamado la atención. Quizá, lo que dan a entender es que no ha sido un inmigrante, como insisten en subrayar los elementos más recalcitrantes de la derecha española, puede haber pensado algún ingenuo telespectador.

Pero, no; en absoluto. Lo que estaba diciendo la televisión pública catalana es que siendo agresor, el acusado tenía que ser español, no catalán. Y mucho menos un mosso, como luego ha trascendido.

Hasta este extremo de fanatismo ridículo llega la manipulación de los medios públicos catalanes, hasta vincular la palabra español a una agresión sexual cuando resulta que el detenido es muy español, efectivamente, porque es catalán; y es tan catalán que trabaja en los Mossos d'Esquadra.

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En el Telenotícies Vespre no rectificaron el atropello, sino que se limitaron a adelantar que el juez le había dejado en libertad provisional y que era mosso de profesión. Ah! Y que la presidenta de la CCMA se había solidarizado con la víctima a través de Twitter, algo que en su ideología cabe interpretar como una especie de compensación por el exabrupto del mediodía y la mala praxis periodística.