Hacia una Big Data de carácter dinámico

El futuro de la generación de Big Data pasa por recomponer la estructura mínima territorial de la información

Recogiendo datos en el aire en una biblioteca

Recogiendo datos en el aire en una biblioteca

Una de las grandes apuestas de los fondos de inversión es el control de la denominada Big Data. Grandes cantidades de información acumuladas y procesadas para obtener mejores escenarios futuros en nuestra actividad. En la mayoría de ocasiones, de forma inconsciente, creamos patrones que no siempre son claros en nuestra actuación personal pero que sí generan un elemento común en un espacio definido.

Todos creamos Big Data

Aunque parezca un tema donde estamos ajenos, todos generamos Big Data. Por ejemplo, desde datos a veces inapreciables como las rutas que hacemos cada día guardadas en nuestros teléfonos móviles, a a algunos más concretos como los horarios de las compras de tarjeta de crédito. Imaginemos, como primera referencia, en una ciudad cualquiera clasificar las horas en que se realizan la mayoría de compras y en qué ubicaciones se han producido.

La Big Data es la unión masiva generada por los datos sumados de cada uno de nosotros. Procesar toda esta información implica dos problemas conceptuales. El primero, obtener todos esos datos. La mayoría de información no está accesible a cualquier usuario o compañía, y son en muchos casos datos confidenciales, propios de agencias gubernamentales. La segunda gran clave, cómo visualizar esos datos. Nadie duda de que disponer de hasta pequeñas cantidades de datos no tienen validez si no extrapolamos los mismos a una forma de visualizar útil, gráficos o mapas.

Los sistemas de información geográficos

El elemento visual más habitual estos años han sido siempre los sistemas de información gráficos. Programas donde se aúnan datos alfanuméricos por un lado, y una base cartográfica limitada por polígonos por el otro lado. A menor nivel del polígono, mayor información podemos disponer. Aunque ahora parezcan empresas que dicen gestionar tal información de una forma nueva, esta forma de trabajo ha sido un elemento habitual desde hace años en el mundo de la información geográfica. Líneas eléctricas y sistemas de control, entre otros, funcionan desde hace decenas de años bajo un sistema cerrado de información geográfica.

Pero ahora asistimos a un problema aún no resuelto en la plasmación visual de la Big Data. En la mayoría de casos, por no decir todos, la información plasmada tiene como base una cartografía basada en el mínimo polígono donde poder colocar datos de información. Polígonos significa departamentos estancos, cerrados. Sin vida. Por muchos datos que le podamos generar, la cartografía base es estática. Eso es evidente, y es la mayor falacia de la Big Data. Incluso el potencial de las coordenadas geográficas como último elemento menor de una referencia espacial sigue siendo estático.

La Big Data está estancada no por la limitación de los datos, casi inacabable, sino por la reducción de los polígonos de información sí ciertamente limitados. El menor, las coordenadas. Por ejemplo, en los datos de política un polígono puede ser desde una estructura cerrada bajo el paradigma de una organización política, por ejemplo municipios en España, o incluso mesas electorales, a una de mayor nivel como los propios estados para temas mayores. Es imposible bajar de ese nivel.

Los players de la Big Data

Por lo tanto sólo la información más desarrollada es la agrupada en coordenadas geográficas. La única que permite una evolución de Big Data. La gente no somos polígonos cerrados sino estructuras vivas en movimiento. La batalla en la Big Data es conseguir el mayor numero de información con acceso a esos datos móviles. Sólo, a día de hoy, hay dos grandes generadores de esos datos; los métodos de pago y los móviles localizados.

En los métodos de pago podemos asociar cualquier movimiento a una dirección individual sobre un espacio definido. En los móviles podemos asociar cualquier movimiento a un hecho puntual como una reacción ante un acto público: son las redes sociales. La gran batalla no está pues en procesar la información, algo ya al alcance de supercomputadoras, sino en disponer y aunar esa doble data en un sólo componente. Lograr juntar los medios de pago con una significación geoespacial es la clave para el desarrollo de la Big Data. Con esa información los juegos de niños que vemos en algunas empresas que se dicen generadoras visuales de Big Data serán transformadas en el autentico flujo de información. Ya no sobre un territorio, sino sobre un espacio sin limitaciones. Algo a día de hoy no visible. El espacio, el territorio, no puede descomponerse en unidades menores a una coordernada. No es un tema práctico sino un tema de estudio teórico.

A pesar de esta limitación teórica con los años, gracias porque no decirlo sobre todo a las redes sociales, se ha logrado que el volumen de datos sobrepase los límites de cualquier estructura cerrada. Aunque hasta ahora el territorio sin la geolocalización de cada uno de los generadores de los datos en movimiento jamás ha logrado superar esa limitación de espacio cerrado. La política como forma manifiesta de referencia de la sociedad es, por ello mismo, una de las componentes más limitadas de la Big Data. Hasta que no se rompan las estructuras cerradas donde plasmar la información nunca podremos disfrutar de una autentica Big Data. Y el futuro pasa por recomponer la estructura mínima territorial de información.

 

 

 
Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Más información