Caos en el parking Saba del aeropuerto de Barcelona T2

Las máquinas no reconocen los tickets de las ofertas fin de semana, lo que causa colas de cerca una hora

Parking Saba Aeropuerto de Barcelona / Saba

Parking Saba Aeropuerto de Barcelona / Saba

Los usuarios empiezan a ser los principales perjudicados en la guerra de los parkings en los aeropuertos españoles. Para anular a los competidores de low cost, Aena ha introducido ofertas especiales en sus tarifas. Una de las más destacadas es la denominada de fin de semana. En el caso de la terminal T2 del aeropuerto de Barcelona se explota bajo la concesión de Saba

La tarifa especial funciona con reserva por internet. Allí el cliente introduce, entre otros datos, la matrícula de su vehículo para que el sistema informático de Saba reconozca el coche a la entrada del parking del aeropuerto. Generando un ticket ya con las condiciones especiales. El sistema, en principio nada complejo, falla más de lo habitual. Los paseos hasta la garita de pago manual, en el interior del parking, se han convertido en un clásico para los asiduos a la terminal barcelonesa. 

Caos tras el primer fin de semana del año

Lo que es habitual en la terminal 2 se ha convertido la noche del primer lunes del año en caótico. El sistema falló prácticamente en su totalidad originando largas colas en la única ventanilla de pago, de hasta cerca de una hora. Un lugar tampoco convenientemente indicado en la oscuridad del aeropuerto de Barcelona. Saba, además, no dispuso de ningún plan especial y una sola persona debía atender todas las quejas concentradas de los usuarios. 

Los problemas fueron de diversa índole. Desde usuarios a los que la máquina de pago no reconocía la tarifa fin de semana, por lo que se pretendía cobrar la tarifa normal --que podía significar hasta el doble de importe--, a clientes que fueron avisados por algún empleado de Saba de que pagaran la tarifa indicada y fueran a reclamar la devolución del importe erróneo. Este proceso, además, ralentizó y aumentó las quejas de los usuarios ante el único empleado presente de la compañía.

Como se puede imaginar, a las cero horas de la noche tras aterrizar de un vuelo, en algunos casos de varias horas, las caras largas y la sorpresa e indignación de muchos usuarios era muy grande. El único trabajador disponible de Saba en la ventanilla de iinformación no podía atender todo el desaguisado y con la cabeza gacha intentaba sobreponerse al temporal de quejas, broncas y enfados de los usuarios. Ciertamente falló el sistema, falló la empresa, no el empleado. 

Uno de los tickets cobrado de forma manual tras el fallo del sistema

Según ha podido saber esta publicación, este fallo se produce desde hace meses por un problema en el reconocimiento de los datos volcados de internet. Pese a lo indicado, Saba ha minimizado el asunto. En períodos con mayor demanda, como principio de año, las consecuencias han sido muy perjudiciales para los usuarios. Según se ha podido comprobar, algún usuario, al ver la cola --por momentos más de 20 personas-- ha decidido irse aún habiendo pagado una cantidad superior a la ofrecida por la compañía. Otros, simplemente, han pagado en la máquina sin darse cuenta del abuso de Saba.

Incapacidad de Saba y Aena contra 'low cost'

Las ofertas de las empresas de low cost, lideradas ahora como informamos por Aparca&Go, han sobrepasado sorprendentemente la capacidad tecnológica de Saba y Aena. Un procedimiento tecnológico sencillo como el reconocimiento y asociación de unas matrículas introducidas vía internet por los clientes contra un ticket no están resultado nada eficaces.

Es un problema que se arrastra desde hace meses. Saba no sólo no lo ha solucionado, sino que tampoco ha dispuesto de personal suficiente adicional para momentos punta. Aena como gestor de la infraestructura tampoco ha demostrado gran interés por los usuarios al tratarse de unas ofertas muy inferiores, hasta el 70% según la propia web de Saba, a las habituales. Todo ello confirma la incapacidad de dos grandes empresas como Saba o Aena en competir tecnológicamente con las empresas low cost de los parkings. Al final, como siempre, el mayor perjudicado el cliente. 

 

 
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