Los hijos de la burguesía destruyen la Barcelona de los milagros

Dos proyectos como Glovo y Badi reciben fuertes críticas por el deterioro social generado

Imagen promocional de Glovo, que entrará en seis nuevos países antes de verano / CG

Imagen promocional de Glovo, que entrará en seis nuevos países antes de verano / CG

Todo en uno. Hoy, quien se haya levantado y leído El Periódico habrá visto un interesante reportaje sobre los precios de las habitaciones en Barcelona. Entre los titulares citaba un anuncio de la App Badi donde decía de forma literal ". “Publica tu habitación en Badi y paga tus billetes de avión a Australia”

El Periodico hablando de badi

Los salarios precarios de Glovo

Hemos hablado repetidamente en nuestra publicación sobre las condiciones laborales de los repartidores de Glovo. Glovo es una buena idea pero dispone de una legislación complicada en España. La denominada última milla tiene además la tendencia de generar una serie de empleos de baja remuneración, con condiciones difícilmente asociables a una economía moderna. Más bien está cercano a una economía de subsistencia.

Web de Badi

Un mercado como Barcelona ofrece por un lado empleos precarios y por otro unos precios de alojamientos de habitaciones, como indica el artículo citado por El Periódico, en unas condiciones cercanas a la supervivencia. Dos empresas nacidas en Barcelona con un recorrido social escaso. Por un lado, potencian el trabajo poco remunerado y, por otro, aumentan la especulación, pues esos salarios sólo tienen un único lugar para sobrevivir: las habitaciones. Badi y Glovo nacen en la ciudad de los milagros aunque sus resultados destruyen el concepto básico de la capital catalana.

Las cenas de Manuel Valls en Barcelona

Como no hay dos sin tres, hoy leíamos también una interesante columna en el ABC del escritor Salvador Sostres. La política y la economía están más cerca de lo que algunos creen. Barcelona no es una excepción. En este caso el autor relataba una reciente cena del ex primer Ministro Manuel Valls en la capital catalana con miembros de la todopoderosa burguesía catalana. En la misma, el político francés, presumible candidato a la alcaldía de Barcelona, criticaba con una frase "Todo esto es culpa vuestra" a la burguesía de Barcelona por sus pocas miras.

Manuel Valls, exprimer ministro de Francia, en una imagen de archivo / EFE

Resumiendo, sintetizaba que habían perdido el norte y que miraban poco mas allá de sus ombligos, su dinero, olvidando la importancia social que cualquier clase social puede tener en el funcionamiento de una ciudad. Curiosamente los dos fundadores de las empresas citadas, tema que Valls no conoce, son hijos de esa burguesía cuyo principal motivo no es la generación de una riqueza global, sino la división de la sociedad con empleos precarios, y fantasías como pagarse un viaje a Australia por poner su habitación más cara que el vecino.

El capital debe incentivar la creación de valor social en Barcelona

Barcelona es una gran capital europea. Sus empresas tecnológicas no deben servir únicamente para dividir las capas sociales urbanas, sino sobre todo, para generar un valor añadido a sus ciudadanos. El capital no es nunca un factor negativo, pero sí es cierto que, a veces, puede servir más para fracturar una sociedad que para cohesionarla.

La crítica feroz de El Periódico a los métodos de Badi, como forma susceptible de aumentar los precios de las habitaciones en Barcelona, se complementa con el papel del empleo precario ofrecido por Glovo. En ambos casos los fundadores, hijos de acaudalados burgueses que diría Salvador Sostres, forman parte de esa sociedad cuyo interés es esencialmente particular. Citando a Manuel Valls culpables de muchos de los desastres actuales de la capital catalana. 

Es importante que una ciudad como Barcelona apueste por empresas punteras, pero también es necesario que todos seamos conscientes de que el valor social añadido de las actividades económicas no debe beneficiar exclusivamente al inversor capitalista. Sobre todo si la ruptura social forma parte de su estrategia. Al final, se ha vuelto a cumplir ese dicho que indica que deben venir de fuera para explicarnos las vergüenzas que algunos hace tiempo escribimos. 

 

 
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