La brecha digital en España

Persiste una importante brecha digital entre los individuos con un nivel educativo más o menos alto, los mayores o menores de 55 años y los ciudadanos con una mejor o peor situación laboral

Teclado de ordenador / Pixabay

Teclado de ordenador / Pixabay

Hay camino que recorrer en lo que respecta a la brecha digital en España. Aunque la sociedad avanza hacia la eliminación de las diferencias en el acceso a las tecnologías de información y comunicación (TIC), persisten todavía distancias notables entre los individuos con un nivel educativo más o menos alto, los mayores o menores de 55 años y aquellos con una mejor o peor situación laboral.

En el último número de Panorama Social, Desigualdades digitales. Los límites de la sociedad red, editado por Funcas y coordinado por José Manuel Robles, expertos nacionales e internacionales analizan la situación y la evolución de la brecha digital y las desigualdades digitales en España. Concluyen, en general, que la brecha digital constituye una fuente de desigualdad a la que hay que prestar atención desde la perspectiva de la estructura social y plantean la necesidad de buscar soluciones para reducirla.

Algunas conclusiones acerca de la brecha digital

Cristóbal Torres analiza la situación de la brecha digital y las desigualdades digitales en la última década, mostrando cómo este tipo de desigualdades dibuja una Sociedad de la Información de dos velocidades en España. El autor señala que el porcentaje de españoles que utiliza Internet ha pasado del 47 % en 2006 al 81 % en 2016. Pero pese a esta evolución, persisten diferencias que afectan a los grupos tradicionalmente más desfavorecidos, lo que sugiere la consolidación de un proceso de estratificación que limita la rápida desaparición de la brecha digital. Así, en 2016 el acceso a la Red de las tres cohortes de población más jóvenes oscilaba entre el 93 % y el 98 %, mientras que el nivel de penetración entre las personas de entre 45 y 54 años era 10 puntos inferior, y bajaba al 65% en el rango de 55 a 64 años y al 35% entre 65 y 74 años. Es decir, los datos apuntan la existencia de dos grupos sociales, según las personas sean mayores o menores de 55 años. De igual manera, las variables "nivel de estudios" y "situación laboral" permiten distinguir dos grupos: las personas con estudios medios y altos hacen un uso de Internet mucho mayor que las menos formadas; los estudiantes y los activos (ocupados y parados) también declaran un uso frecuente de Internet frente a pensionistas o personas dedicadas a labores del hogar. 

Begoña Peral-Peral, Ángel F. Villarejo-Ramos y Jorge Arenas-Gaitán examinan la utilización de Internet y sus diferentes aplicaciones por los mayores de 50 años y analizan cómo influyen las variables sociodemográficas y, especialmente, las psicológicas. Según su investigación, no es cierto que los mayores sean ajenos a Internet y sus servicios. Aunque prácticamente las únicas personas alejadas de la Red son de elevada edad, hay que distinguir entre mayores integrados e implicados en el uso de las TIC, otros que utilizan solo ciertas aplicaciones y otros que no emplean Internet ni sus aplicaciones a no ser que estén apoyados por familiares y amigos. Para los autores, las administraciones y las empresas deberían preocuparse más por reducir la brecha digital entre los mayores y plantear iniciativas con ese fin, promoviendo la formación en el uso de estas nuevas tecnologías y generando mayor confianza en ellas por parte de los ciudadanos de más edad. 

El futuro del estudio de la brecha digital: el Big Data

Para David Salgado y José Manuel Robles, los Big Data se han transformado en una fuente de datos de especial relevancia para las distintas disciplinas de las ciencias sociales. El volumen de datos que se ponen a disposición de los investigadores, la velocidad con la que estos se generan y pueden ser analizados, así como la variedad de formatos, hacen que muchos especialistas consideren que estamos ante una transformación trascendental para la investigación científica. Se preguntan qué efectos tiene el uso de estas nuevas fuentes de datos sobre un campo de investigación que, como la brecha digital, requiere bases de datos representativas de la población objeto de estudio para, de esta forma, fundamentar las políticas que persiguen el correcto desarrollo de la sociedad de la información, así como para realizar análisis que ofrezcan una visión ajustada de la penetración de este fenómeno en una población concreta.