TedxMondoñedo fue una experiencia irrepetible

Reconozco que no he podido dormir. Ni siquiera he sido capaz de explicar a mi mujer todo lo que me ha pasado este fin de semana. Ya os digo que no soy expresivo en lo posterior a los mejores eventos de mi vida. Nunca lo he sido. Pero si tengo que comparar lo que he sentido, es algo similar a cuando volví a ver a mis amigos del colegio unos veinte años después. La diferencia de todo esto es que a ellos les conocía y pasé los mejores años, de cambio, de mi vida y con la gente del TedxMondoñedo no había acumulado, salvo excepciones, más de una comida y tres vinos.

La frase del fin de semana la dijo Joaquín Danvila, del Centro de Estudios Financieros y gran caballero de redes sociales. ‘He dado clase en mil universidades y nunca en mi vida he estado tan acojonado como hoy’. Ese es el resumen del clima de responsabilidad que se vivió.

No voy a olvidar las caras de impresión al ver el escenario montado, las luces encendidas, el auditorio con el aforo completo, los ponentes ensayando entre las sombras en voz alta sus charlas para hacerlas aún más perfectas, la organización con sus camisetas. No creo que se vayan a borrar de mi mente los nervios del micro que no salta, esa transparencia que no sale, ese homenaje a un padre y ese guiño a la familia. Después abrazos, felicitaciones, fotos, gente que te felicita, que te saluda, que te dice que le has despertado algo sobre lo que pensar. Es increíble cómo un evento puede unir a tanta gente. Es admirable que hubiese un montón de personas que se acercaran a vernos, a comentar cómo lo habían visto.

Asistir a una jornada como esta puede ser insustancial para muchas personas, pero desde el momento en que subí al autobús que nos llevaba por la antigua ruta de la carretera nacional VI, me di cuenta de que todos queríamos que fuese un día grande.

TedxMondoñedo y la Expedición Rodríguez Campomanes ha sido una experiencia inolvidable. Con tintes humanistas, transhumanistas, tecnológicos, culturales y con unos pequeños toques de ocio. Se ha hablado de la inmortalidad, del futuro de las máquinas, de los conflictos mundiales y de la sociedad liquida. Pero lo más importante es que unos perfectos desconocidos minutos antes de subir al bus, volvieron como amigos.

No quiero acabar mi carta de agradecimiento sin felicitar a los autores morales del acontecimiento, como han sido Paco Cal y Elena Candia, Alcaldesa de Mondoñedo. Tampoco quiero olvidar a los organizadores, Felipe Debasa y José Ramón Saura, a los ponentes y a los asistentes que tanto calor nos proporcionaron. Y el eterno agradecimiento a las localidades, autoridades y demás personas que nos recibieron en Astorga y Vilalba.

A todos y a todas las personas que estuvimos allí, siempre habrá un antes y un después. Que sepáis que todo ha merecido cada minuto invertido en ayudar y en preparar la charla y que todo salió de forma increíble. Sed resilientes. Nos vemos en el infinito.