¿Te atreves a soñar?

Soñar no siempre está bien visto.  Alguna vez he tenido que oírme -con ánimo de ofenderme, pero sin lograrlo- “eres un soñador”.  Pues me alegro de serlo, porque los soñadores estamos fuera de la realidad, de una realidad imperfecta y que no nos gusta, imaginando nuevos mundos mejores que está en nuestra mano convertir en la realidad del futuro.

Soñar, si estás dispuesto a actuar, es anticipar el mañana.  Soñar debe ser profetizar, una palabra que va más allá de donde estamos y que, desde allí, nos llama y arrastra a alcanzar esa tierra prometida.  El sueño es la utopía, el no-lugar por construir, el motor de nuestro caminar, el combustible de todo cambio, el imán de todo progreso que se precie.

Soñar nos libera de planes ajenos, nos vuelve dueños y responsables de nuestro destino, nos marca la dirección para que podamos tomar firmemente el timón de nuestra vida en medio de todos los vientos que soplan y nos conducen a mil destinos no elegidos.  Nuestro sueño es la estrella polar que impide que nos perdamos en medio de las zozobras de cada día.

El soñador ama su sueño, y ese amor le anima a luchar por él pese a todas las dificultades.  No hay mejor motivación que el amor para vivir intensamente, para enfrentarse a las dificultades, para sobrellevar y superar todas las resistencias.  Soñar consciente y coherentemente es crear, es posibilitar lo que parecía irrealizable.

Somos tan grandes -o tan pequeños- como son nuestros sueños.  Nuestros sueños nos definen y nos construyen, porque nacen de lo más profundo y auténtico de nosotros mismos y nos animan a dar lo mejor de nuestra persona para tratar de alcanzarlos.

Los sueños son signo de esperanza, de que no todo está perdido, de que es posible un mundo mejor.

Los grandes sueños son muy exigentes porque nos gritan al oído que es preciso cambiar, que hay que hacer algo, que debemos tomar las riendas de nuestra vida y encaminarla hacia ese destino que se vislumbra en el horizonte.

Los sueños son una apuesta arriesgada, y su realización es una aventura apasionante que merece la pena afrontar.

¿Es posible que fallemos y que no alcancemos la tan anhelada meta?  ¡Por supuesto, es lo más probable!  Pero que no te desanime el fracaso, porque ya estarás más cerca de lo que estabas de tu objetivo.  Bastará con empezar de nuevo, paso a paso, sin prisa pero sin pausa, sin dejar de soñar.

Sin soñadores, el mundo de hoy sería como el de hace diez siglos…  O más.  Son los soñadores, los locos, quienes van a construir el futuro, la sociedad del mañana, del mismo modo que otros soñadores hicieron posible lo que es nuestro hoy.

Y tú, ¿quieres formar parte del cambio? ¿Tienes algo que aportar? ¿Te atreves a soñar?  ¿O prefieres, con tu pasividad, colaborar a que todo se vuelva una pesadilla? 

¡Sueña y haz realidad tu sueño!  No puede haber vida más feliz.

 
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