Recrearse: el arte de cambiar sin dejar de ser uno mismo

El año 2016 ya se fue. Ha comenzado 2017.  En este tránsito somos muchos quienes hemos hecho balance del año que terminó el 31 de diciembre, y todavía más quienes habremos programado y soñado los objetivos para este nuevo ciclo que todavía está en pañales, a merced de lo que queramos hacer de él.

Sin embargo, no siempre planificamos con cabeza y corazón.  ¿Qué ha marcado nuestras metas? ¿Nuestro deseo de aportar lo mejor de nosotros mismos al mundo que nos rodea, o al ansia de exprimir nuestro entorno para obtener de él lo máximo posible para nuestro exclusivo beneficio, aun a costa de los demás?  Primera y esencial pregunta que todos deberíamos plantearnos.

Segunda cuestión que no deberíamos obviar: ¿hemos tomado en consideración -al planificar- que vivimos en un mundo que cambia a una velocidad de vértigo?  Porque los caminos de ayer ya no existen, son mero recuerdo.  Es más, nuestra propia posición está en riesgo si no actuamos. Porque el mundo se mueve y -si nosotros permanecemos estáticos, quietos, cómodos en nuestra zona de confort- quedaremos atrás, fuera de la foto.  ¿Es lo que queremos?  Seguro que no.

Debemos movernos, cambiar, transformarnos con este mundo que no deja de sorprendernos con sus novedades y cambiantes formas.  No se trata de dejarse modelar por las encuestas, ni por los variables gustos o apetencias de quienes nos rodean.  Nadie te pide que te conviertas en la amante de pago que se llama como desea su cliente.  No, no quiero que te vendas al mercado ni al mejor postor.  Quiero que sigas siendo tú, y que sigas siendo fiel a la vocación de tu vida, a esa misión y visión que te lleva a levantarte cada mañana con ilusión porque sabes que hay algo que sólo tú puedes hacer.  Lo que sucede es que, para seguir siendo tú -y para poder seguir haciendo lo que estás llamado a hacer- es imprescindible que te recrees, que te resitúes, que te recoloques, que adoptes nuevos modos, nuevos lenguajes, nuevos instrumentos y nuevas estrategias que te permitan llegar a donde te habías propuesto.

Es peligroso confundir la fidelidad a quienes somos con un inmovilismo que nos lleva a ofrecer soluciones de ayer a problemas del mañana.  Caducas propuestas que se han vuelto inadecuadas e inútiles, convirtiéndonos en parte del problema.  Recrearse o morir.  Recrearse para poder seguir siendo el que uno es.  La traición no está en cambiar.  Traiciona el que se queda atrás y ya no aporta nada.  Ése se traiciona a sí mismo y traiciona a la sociedad a la que debía enriquecer con su talento.

No es fácil recrearse porque implica una muerte y un renacimiento, un renunciar a la seguridad para abrazar un sueño que no sabemos si se materializará.  Es cierto, genera cierta incertidumbre.  Pero ésta puede ser vencida por la fuerza del sueño, del proyecto.  Debemos tener fe en nosotros mismos y en lo que está por venir.  Esta esperanza es la semilla de la que brotará con fuerza -si no cejamos en el empeño- lo que hoy parece imposible.

Recrearse para recrear el mundo.  Hay mucho por hacer…  Y está en nuestra mano.

 
Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Más información