¿Quiere un buen trabajo en el futuro?

​Los titulares de prestigiosos estudios son elocuentes: el 50% de los trabajos actuales desaparecerán como consecuencia de los avances tecnológicos, la inteligencia artificial, etc. Supermercados sin empleados, aviones y trenes sin tripulantes, y así un sinfín de ejemplos.

Sin embargo, la formación – en gran medida – sigue enseñando habilidades que las máquinas harán de manera infinitamente más eficiente. Y olvidan o minusvaloran las cualidades que son y serán insustituibles… por lo menos en bastante tiempo. ¿A qué me estoy refiriendo? a la creatividad, la empatía, la sensibilidad, la autoestima, el factor humano en definitiva. Intuyo que asignaturas de teatro, pintura, escritura, no tardarán en ser muy valoradas porque contribuirán a desarrollar habilidades que serán muy necesarias en el mundo altamente tecnificado que se nos avecina. Pero todavía hay más motivos para apostar por una formación de este estilo, por ejemplo porque para innovar es fundamental desarrollar la capacidad de observación (¿la pintura no ayudaría a desarrollar esta habilidad?) o – lo vivo cada día en el mundo de la empresa – la incapacidad de comunicarse entre empleados (no se devuelven llamadas) o la falta de asertividad con los jefes (“hago lo que me dicen”).

Por otra parte, estoy convencido de que el trato personal, la mirada, la sonrisa, el abrazo, la amabilidad, la generosidad, en ese futuro donde todo lo haremos por internet, tendrá un gran valor y los que sean capaces de ofrecerlo serán empleados muy codiciados.

Hace unos meses escuché en la radio una tendencia que está teniendo mucho éxito en Londres: fiestas que no se convocan por internet ni WhatsApp, donde está prohibido asistir con el móvil, etc. Parece que la gente se está hartando de no disfrutar del momento porque tienen que grabar o hacer fotos o temen que determinada imagen suya se difunda por las redes sociales. Y algo más, están descubriendo sensaciones que habían olvidado…conversar, bailar, relajarse, equivocarse… sin miedo.

Una buena forma de comprobar estas reflexiones es pensando en nosotros mismos: los momentos en los que somos realmente felices son cuando disfrutamos de todo lo que tiene que ver con… el factor humano, las personas.

 

 
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