Querido Rajoy, dos puntos, no me hagas sufrir, coma

Querido Rajoy, dos puntos, no me hagas sufrir, coma.

Como decía la canción de Juan Luís Guerra, quizá sea el momento de pedirle a nuestro nuevo y flamante presidente la carta de los reyes magos. Es obvio que, como ha sido la tónica general durante los últimos años, no me va a hacer ni caso, pero aprovechando que tengo voz en esta tribuna, vamos a intentarlo.

Lo primero que le pido al presidente es que no me suba los impuestos. Él me dirá, hombre amigo, es que tengo que cuadrar los presupuestos del Estado y a mi no me queda otra que contestarle que los cuadre, pero no con los impuestos con los que me esquilma, sino con los que produce mi gasto. Porque yo, que no he ahorrado en mi vida y sólo se invertir en cambiar las cosas, en innovar mis negocios, en gastar en el futuro de mis hijos, en pagar sueldos y en la formación de mis trabajadores. No quiero tener que pagar dos veces para financiar las necesidades del Estado.

Lo segundo que quiero pedirle es que genere empleo, pero que lo genere abaratando la contratación y el despido para que los empresarios puedan pagar más, de manera más flexible y con menos miedo. Y no sólo a esa gente joven que es la generación más preparada, sino a aquellos que parecen apestados por el mercado laboral y pueden aportar mucho más por experiencia que por pulmón. También le digo que atraiga al país a las grandes empresas que generan conocimiento, que apuestan por el talento, porque alrededor de ellas surgirá un nuevo tejido emprendedor que cuajará a futuro y será el sustento y referencia de las futuras generaciones.

Dé un paso al frente para promover la excelencia, la nueva economía, por no caer en los errores del pasado y por no venderse a los grupos de presión. Sea valiente y apueste por la Marca España y por los que pensamos que este país es de los mejores del mundo. 

Es más presidente, le pido, que ya que ustedes no tienen un duro para invertir en el nuevo talento y cada año recortan en innovación, promueva que las grandes fortunas y fondos de capital semilla de este país puedan invertir y acelerar empresas sin que se les penalice. Es más, haga una apuesta por el mecenazgo porque el papel de invertir es de las personas y no de las instituciones.

Y por último, sea valiente y lidere el gran pacto por la educación. Olvide ya un sistema educativo que prioriza antes el memorizar que el pensar. Donde todo queda sujeto a la nota de un examen y no a la evaluación de la competencia. Donde el niño pierde toda su expectativa y orientación hacia la vida. Promueva un sistema donde haya cabida para todos, desde artistas a tecnólogos, desde creativos a ejecutores, desde filósofos a analíticos sin dejar a nadie fuera por sus inclinaciones, pensamientos o motivos.

Dejen de jugar a políticos y maduren como personas, punto final.

 

Opinión de Alejandro San Nicolás

 
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