¿Por qué demonios no despega el teletrabajo?

​No hay duda. Todos lo deseamos, lo soñamos. Tenemos la certeza de que sería fantástico. Es bueno para la empresa (menos costes) y también para sus empleados (mejora la conciliación familiar). La sociedad general (menos polución). Pero no arranca, ¿Por qué? Si todo el mundo gana… ¿qué ocurre? ¿cuál es el misterio? Alto, Alto, ¿de qué estoy hablando?… del… ¡teletrabajo!

Aportaré mi experiencia profesional en grandes compañías (si se me permite, el mundo real profesional). De forma muy resumida, estas serían las principales barreras y propuestas de solución.

1.- El propio trabajador: no es tan bonito como aparenta. Cuando estás un tiempo aislado, te invade una sensación de soledad, de pérdida de visibilidad dentro de la organización, o sea opciones de promoción. Más… sin darte cuenta, acabas trabajando en pijama, sin horarios. Es fácil diluir las fronteras entre el trabajo y la vida personal, es algo muy sutil, progresivo… un día 10 minutos, otro día, 20… otro mientras cenas… y llega el caos.

2.- Mandos intermedios, jefes de equipos,…es decir aquellos que tienen a su cargo grupos de personas, ahora utilizan – sonriamos todos – la gestión presencial… ¡es tan fácil levantar la mirada!…”prepárame un informe”, o improvisar una reunión, etc. ¡No saben gestionar equipos a distancia!

3.- Los directivos, o sea los jefes de los mandos intermedios. Sólo de forma excepcional he encontrado en la alta dirección capacidad para delegar, dirigir de forma estratégica sin interrumpir el día a día. No facilitan el trabajo de sus ejecutivos para el objetivo que nos ocupa en este artículo.

4.- El manejo de información sensible, riesgos comerciales, legales, etc. Por supuesto es fundamental disponer de sistemas de comunicación encriptados, etc. Pero es imposible el riesgo cero… es fácil fotocopiar un papel o que lo lea quien no debe.

¿Soluciones? Voy a intentarlo.

  • lo primero, realismo. Es aconsejable un mix de trabajo a distancia y presencial, mejor para el empleado y la empresa.

  • el tele –trabajador debe gestionar sus horarios con gran rigor y disciplina

  • los departamentos de RRHH deberían tener un plan de acción, en síntesis:

    • sofisticar sus procesos de selección para identificar perfiles idóneos para el trabajo a distancia

    • crear una política de promoción que evite el riesgo de la invisibilidad del trabajador remoto y fomentar la visibilidad cuando esté presente

    • desarrollar un plan de formación sobre cómo “tele-trabajar” (herramientas, procesos, etc.) y – atención – cómo supervisar empleados remotos

    • promover que los departamentos fomenten y planifiquen el contacto con otros compañeros cuando estén presentes. Alerta: a menudo, el contacto informal de los empleados dentro de las empresas permite crear sinergias, soluciones, etc. No hay que desperdiciar este gran valor

  • las empresas adquieran programas / software para supervisión por objetivos, hitos cumplidos, etc.

  • existen soluciones tecnológicas que pueden reducir los riesgos del tratamiento de información confidencial, pero nunca serán inexistentes (un papel sea fotocopiado o que lo lea quien no debe). Sólo la confianza al empleado puede evitar este punto, una vez más la selección de RRHH. También identificar qué tareas son las que menos riesgos conllevan, en otras será más delicado y complicado

  • en cuanto a los directivos, son una colosal barrera pero también pueden convertirse en un “acelerador” de la solución, han de comprobar los beneficios del teletrabajo, traducido: implementar pruebas piloto… ¡Ah! y también han de ser formados… he de confesar que me sorprende que las Escuelas de Alta Dirección olviden este tema en sus temarios, pero existen consultoras especializadas

Acabo, muy buenas noticias: sin ninguna duda, - lo he podido comprobar en diferentes multinacionales y responsabilidades- cuando se da confianza y libertad a un empleado, lo habitual es que las devuelvan con creces.

Un día el teletrabajo despegará pero las empresas han de tomar la iniciativa y ponerse en marcha. Ya. Cuanto antes mejor, las que primero se atrevan tendrán unas ventajas competitivas colosales (atracción de talento, reducción de costes, eficiencia, etc.). ¿Por qué esperar?

 
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