¿Pagarán impuestos los robots?

Quizá el año 2017 pueda bautizarse como el año de la robótica. En todos los medios y en todos los sectores se está hablando de robots, y del inminente impacto social y económico que se espera de los mismos. Uno de los temas candentes (si lo puedo expresar así) es el hecho de que los robots están sustituyendo puestos de trabajo. Y no es para menos, lo llevan haciendo décadas, pero la tecnología ahora se ha acelerado y el efecto es mayor.

El presidente del Principado de Asturias se expresó en este sentido hace unos dos años: “los robots tendrán que pagar impuestos”. Alguna organización sindical está haciendo presión en el mismo sentido y, por si fuera poco, Europa abrió el debate hace tan solo una semana. También se ha sumado Bill Gates, el fundador de Microsoft y primero de la lista Forbes, parece haberlo especificado mejor,: “que paguen impuestos los robots que desplacen empleos”.

Me ha resultado difícil escribir este artículo porque tengo mucho que decir, en al menos tres ámbitos. Primero quiero decir que hace años que estamos incentivando la ciencia y la tecnología, y que es esta combinación la que ha llevado el mundo al nivel de desarrollo del que hoy gozamos, aunque por lo visto no pensamos en el largo plazo, o no hemos pensado aún. En segundo lugar, me gustaría recordar que los robots no llegaron este año, han estado trabajando en lugares muy diferentes, ensamblando coches, rescatando tesoros en las profundidades, operando los ojos, cargando los bloques más pesados del planeta, vendiendo refrescos en la calle, sirviendo combustible, preparando café, lavando platos, cuidando el dinero de la bolsa de valores, haciendo fotos en Plutón, e incluso respondiendo a cuestionarios. Y en tercer lugar, quizá el menos popular, porque los humanos algunas veces preferimos un robot, porque algunas veces el robot atiende mejor, porque nunca se enfada, porque siempre es amable, porque no responde, porque no insulta; cuántas veces lo he pensado cuando una huelga en el Metro de Madrid me deja tirado en una estación que intencionadamente han ensuciado, y no recibo el servicio por el que he pagado, y lo que es peor, he sido usado como rehén.

Lamento decir que no es fácil elegir qué robot ha sustituido a un humano. La máquina de refrescos y café de la oficina sustituiría a alguien solo si previamente estuvo ese alguien, pero en la mayoría de los sitios llegó primero la máquina. Escuchando la propuesta de Bill Gates, él explica que si en una fábrica un robot sustituye a un humano, entonces el robot (asumo que quiso decir el dueño del robot) paga los impuestos, cotiza la seguridad social y las pensiones del empleado, basados en el sueldo medio que tenía éste, o el de la fábrica. Pero, si es una actividad nueva, o si es una fábrica nueva, espero que la sugerencia no sea obligar siempre a empezar con humanos para poder contabilizar cuántos robots entran a trabajar.

Este es además el momento en el que nos cuestionamos si hacemos bien en enseñar robótica en los colegios, si seguimos con el pensamiento lineal de la destrucción de empleos. Estamos llevando a las nuevas generaciones a crear sus propios sustitutos.

El mundo necesita enfrentar este debate con más seriedad, y con más conciencia. Espero que no me malinterpreten, yo también quiero cobrar mi pensión cuando llegue mi día, y quiero un sistema de sanidad en condiciones, y eso se paga con impuestos, lo tengo muy claro. Pero para debatir con responsabilidad creo que tenemos que empezar por entender qué es un robot, qué hacen, y la nueva sociedad a la que nos encaminamos. Yo creo que la solución dista mucho de poner impuestos a los robots, sino en buscar un nuevo modelo económico, una nueva forma de enfocar los beneficios que genera por ejemplo un supermercado que en el futuro esté completamente automatizado, pues hay que recordar que si todo son robots, al fin y al cabo, cómo convencer a un robot para que además de pagar impuestos coma zanahorias, consuma en un restaurante y se compre una casa.

 
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