No hemos aprendido nada

Todavía soy capaz de encontrarme a mi mismo pensando en cómo explicar algo tan sencillo como la diferencia entre la interferencia y la independencia. No es complicado llegar hasta el fondo del concepto, lo que pasa es que simplemente algunos no  lo asumen.

Estas semanas son muy prolíficas en ferias, exposiciones y entregas de premios. A pesar de los nombres sofisticados que usan sus organizadores en un intento de vender productos atractivos, solo tenemos una gran mentira sostenida por la connivencia de todos.

Recuerdo con estupor la lamentable intervención de Ignacio Aguado en el Salón 'Mi Empresa' abriendo la mesa de los millenials. No alteró mi conducta su presencia en sí misma, ya que yo no tengo nada en su contra. Casi me pareció más demencial el tancredismo de los grandes empresarios de 25 años, que basándose en su gran experiencia empresarial, eran incapaces de distinguir un ponente extraño de un gol en propia puerta.

Basta con indagar en este tipo de eventos para darse cuenta de una máxima absolutamente precisa en cada uno de ellos. En general, la temática es engañosa, ya que detrás de un nombre más o menos atractivo solo se esconde un espíritu de mercadillo de barrio. Y no solo eso, sino que además, tenemos otra característica fundamental, unos pagan y otros cobran. Pero no cobra el ponente, no cobra el conferenciante, no cobra quien atrae al público. Cobra el organizador del trabajo gratuito de aquellos que ven en toda esta parafernalia un método para darse a conocer.

Esto nos lleva a parábolas de la vida en la cual el suelo vuelve a valer más dinero que el conocimiento. O dicho de otra manera, si tienes un local, serás capaz de ganar dinero por encima de aquel que es capaz de llenártelo. Y eso vuelve a ser un error.

Si eres el que aporta, cobra o dignifica tu trabajo. Mil asistentes que aplauden no son ni dos clientes futuros, por lo que, si tienes algo que decir, que te paguen por ello. Si nadie valora lo que haces, mejor no vayas.

La foto con la personalidad de turno para ponerla al lado de tu orla y cerca de tu último absurdo título tampoco te va a traer facturación. No seas bobo, que en esa guerra siempre tendrás las de perder. Aquellos que son representantes del pueblo nunca serán capaces de ofrecerte lo que necesitas, pero no se cansarán de pedirte que les ayudes hasta un imposible.
Y finalmente, si quien más va a ganar de lo que tu sabes solo pone el espacio, plantéate de manera más clara si estás dispuesto a que se lucre contigo y gratis.

Hasta ahora, sólo sé que somos idiotas y no hemos aprendido nada. 

 
Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Más información