Matar al cartero

Esta mañana, en una reunión de trabajo, uno de los asistentes nos ha contado su primera experiencia con BlaBlaCar, servicio de vehículo compartido que hace posible que las personas que quieren desplazarse al mismo lugar en el mismo momento puedan organizarse para viajar juntos. Su mujer y sus hijas se habían ido toda la semana al pueblo pues eran las fiestas de allí. Al llegar el viernes, hastiado ya del insoportable calor que hace en Barcelona, decidió probar el servicio de vehículo compartido y emprender viaje hacia el pueblo para pasar el fin de semana con su familia.

Así que se dio de alta en la aplicación, indicó el trayecto, encontró a quien fuera y le solicitó transporte al lugar convenido después de comprobar las diferentes opiniones de otros usuarios que se deshacían en buenas palabras hacia el conductor. El viaje lo compartió con otros dos pasajeros. Cada uno puso 50€ para cubrir los gastos del trayecto. Compartieron experiencias. Entre ellas, que el conductor se había adherido a la plataforma en 2015 y que, desde entonces, lleva compartiendo su coche con otras personas pues el viaje es así más ameno. En estos tres años ninguna experiencia negativa ni para el conductor ni para sus pasajeros. Coche limpio, preguntas sobre si están cómodos con la temperatura, etcétera, y lo más importante, nuevas experiencias compartidas que, a buen seguro, se repetirán en el futuro.

Los taxistas han entendido poco o nada de la evolución del transporte. Señalan a unos y, con su actitud, vienen ganas de preguntar si van a actuar del mismo modo con cualesquiera de las nuevas alternativas al transporte no sólo interurbano que tenemos: bicis compartidas, el comentado Blablacar y similares, Uber, Cabify,..., y muchos otros que surgirán en el inmediato futuro. La pregunta que no se plantean desde el sector del taxi es de dónde viene toda esta competencia. La sencilla respuesta es del propio usuario que incómodo ante algunas prácticas como pudieran ser el acceso limitado y control de las tarifas o más personales como la música o la higiene del taxi/taxista desarrollan los modelos que mejor se adaptan a sus necesidades.

Parece que unos pocos, en concreto veintiuno, sí han hecho una lectura y han desarrollado la plataforma Transfers in Barcelona: conductores con licencia de taxi ofrecen la posibilidad de precio cerrado, wifi, botellines de agua, todos van uniformados, pantallas interactivas en los asientos traseros y cualquier otro servicio que permita al pasajero disfrutar de su trayecto. El resto se dedican a paralizar la ciudad, unos pocos a patear a los conductores de las VTC y a destrozar sus coches, y todos a perjudicar al comercio, al turismo y al ciudadano de Barcelona. Por si fuera poco, hoy los estibadores, menudos cómplices, han comunicado su posicionamiento a favor de los taxistas y su predisposición a bloquear el puerto. 

Como bien ha señalado Joan Carles Calbet, de la asociación de comerciantes RetailCat, "el sector del taxi, de la misma manera que el sector del comercio, tendrá que encontrar vías para ser competitivo ante las alternativas que surjan. Al igual que el sector del comercio tradicional convive con nuevos operadores, como grandes establecimientos especializados y empresas de e-commerce". 

Después de producirse el veto del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC), desde Fedetaxi han afirmado que "esperaban la pataleta de la CNMC" y no han dudado en señalar a José María Marín Quemada, el presidente del organismo por la competencia, como el gran enemigo del taxi quien, a su parecer, "continúa con su agenda de confrontación radical hacia el sector del taxi" y cuya organización "sirve a los intereses de las multinacionales" para lograr la "destrucción del taxi". Ni intrusismo ni competencia desleal. Retorcer una realidad para vestirla de persecución personal nunca ha sido una buena opción para justificar nada.

Por otro lado, el citado veto del TSJC a la normativa impulsada por el ayuntamiento de Barcelona era de esperar. Basta con que leamos las resoluciones de los organismos que velan por la competencia tanto el estatal CNMC como el autonómica catalana ACCO han publicado de forma sucesiva. Las normas no pueden proteger a unos en detrimento de otros. Cuando así ocurre, en materia de negocios, se están alterando las condiciones para una libre competencia y quien sale perjudicado es el usuario o cliente que, en último lugar, es el más importante de la ecuación por ser quien valida el modelo de negocio.

Paralizar uno o varios centros de ciudades con actitudes y modos camorristas consigue un efecto contrario al perseguido. Actualicen servicios, estudien la evolución en los hábitos de transporte de sus clientes e innoven en consecuencia. Todos los autónomos nos vemos obligados a un continuo reciclaje en nuestras profesiones si queremos diferenciarnos del resto. Y, sobre todo, dejen de matar al cartero.

 
Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Más información