Más lluvia Yin por favor

Anoche estuve en la fiesta de premios de la revista YoDona. En mitad del cóctel jarreó. Nos refugiamos como pudimos en el palacete de los Duques de Pastrana mientras alguien comentaba que se había convertido en tradición: siempre llueve en la fiesta de premios de YoDona. ¿Tendrá la energía femenina algo que ver con la lluvia?

Yo explicaba que las emociones se comportan igual que el agua. Hay muchos autores y gurús poco científicos que las explican así. Las emociones fluyen, se estancan, se acumulan y estallan igual que lo hace el agua. Los traumas que tanto nos bloquean se resuelven en el momento en el que conseguimos derretir las emociones intensas que se congelaron durante el evento. Es un parecido que todos reconocemos instintivamente, e incluso reflejamos en nuestro modo de describir nuestros sentimientos: sentimos tormentas, explotamos como volcanes, lloramos a mares…

Entonces se me ocurrió que quizás tanto recalentamiento climático tiene algo que ver con nuestro exceso actual de energía masculina. Y sí. Todos los presentes se rieron de mí. Nuestra sociedad se ha vuelto tan ultra-racional que se ríe de todo lo que no sea científico o matemático. Menos mal que me da lo mismo. Soy Ingeniero Industrial. Sé demasiado bien lo limitado que es el raciocinio para los grandes misterios de la vida.

La mujer y lo femenino están intrínsecamente abrazados a lo sentimental, lo emotivo, lo instintivo, y lo misterioso. Las primeras líderes espirituales de la humanidad, e incluso nuestros primeros dioses, fueron mujeres. Las chamanas, las pitonisas, las brujas y las adivinas eran mujeres capaces de ver o intuir algo que no se veía con los ojos, ni se tocaba con las manos, ni mucho menos se comprendía con la mente pensante (y masculina).

Además, una cosa no quita la otra. Es algo que explico a menudo a mis clientes. La realidad que vemos tiene muchos niveles de profundidad. Uno fracasa en su empresa porque se queda sin financiación o porque su producto no se vende, por ejemplo. Pero a otro nivel menos tangible también es cierto que siente algo indescriptible que lo empuja a tomar decisiones tontas. En la superficie se arruina por motivos racionales. Mirando más allá de lo inmediato, en la oscuridad del inconsciente y las lealtades afectivas, esta persona se siente terriblemente culpable si triunfa. Fracasar, aunque le duela, le permite seguir siendo tan pobre como lo fueron sus padres.

No hace falta que te lo creas. Los asuntos del corazón no se prestan a los artículos cortos. Hay sentimientos e instantes en la vida que no podrías describir ni con mil palabras. Así es lo profundo, lo femenino, lo oscuro y lo salvaje. Como una cueva tan negra que crees que no hay nada dentro, y de pronto aparece una mariposa fluorescente.  

En momentos como el de anoche durante la fiesta, o el de ahora mismo, mientras lees este texto, me siento como una de esas viejecitas adivinas en la cueva. Veo cosas que otros no ven. Más que verlas, las siento. Y una vez que las he sentido o intuido no puedo dejar de verlas. No hay quien me convenza de que no hay algún tipo de mensaje importante en esto que siento y que no alcanzo a explicar en términos científicos.

Estos días de tanto calor he pensado mucho en el cambio climático. La supuesta “ola de calor” parece más una meseta, o una nueva estación del año –el ultra-verano --, que una oscilación de unos días. El campo se está secando por momentos. Miro los árboles verdes que interrumpen las grandes extensiones de amarillo tórrido y me pregunto cuántos meses más aguantarán. Cuándo prohibiremos regarlos porque no hay agua para beber. Pienso en cómo va a cambiar nuestro modo de vida a marchas forzadas en los próximos años. Tengo sentimientos de pérdida, dolor y temor.

El globo se recalienta porque no dejamos de hacer cosas, ir a sitios, quemar combustible para hacer turismo, para transportar trapos y objetos de plástico desde lugares remotos… esforzarnos, trabajar, correr, comprar, usar, tirar… hacemos cualquier cosa por no sentir nuestra verdad más femenina. Nos apresuramos hacia un futuro tecnológico lleno de juegos online, apps y realidad virtual, alejados del campo, la sequía, los bosques en llamas y los mares de plástico. Pura energía Yang. Puro exceso de testosterona.

Si hoy te estás quieto unos segundos, respirando profundamente e intentando poner palabras a las sensaciones de tu cuerpo, empezarás a acercarte a tu lado femenino. Seas hombre o mujer. Este exceso de raciocinio y de actividad febril es nuestro lado masculino. Nuestras emociones y sensaciones, nuestros ratos de recogimiento en la cueva, nuestros momentos de meditación y reflexión profunda, nuestras revelaciones y golpes de sabiduría son nuestro lado femenino.

Y así, si todos nos acercásemos más a nuestro lado femenino, si llorásemos un poco más a menudo y fuésemos honestos con lo que realmente sentimos, ya no necesitaríamos quemar gasolina visitando cinco ciudades para pasar las vacaciones. No compraríamos tantos cacharros de usar y tirar. No seguiríamos persiguiendo sueños futuristas llenos de fantasía, ni dejaríamos para otros o para nadie el cuidado de nuestros bosques o la limpieza de nuestras playas.

En la superficie más tangible estaríamos generando menos CO2 de golpe, dejando que el planeta vuelva a refrescar. A nivel más profundo estaríamos también abrazando nuestro lado femenino Yin, devolviéndonos al equilibrio con nuestro recalentado cerebro Yang.

Elige la explicación que más te guste. Con que dejes de bombear testosterona nos vale a todos. Cuando llueva y refresque te reirás conmigo de lo estúpido e incrédulo que fuiste hoy.  

 
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