Los políticos podrían extinguirse en una década o dos

​Los intermediarios han existido y aparecen siempre que es necesario añadir valor en la cadena, desde la producción hasta el consumidor. Nos hemos acostumbrado a convivir con los intermediarios porque la mayor parte de las veces los necesitábamos, otras veces simplemente porque dominaban el sector e imponían sus reglas.

Uno de los efectos directos de las nuevas tecnologías, y principalmente las sociales, es que están eliminando esa capa a gran velocidad, desplazando económicamente tanto la actividad como los empleos, y quizá en esta vía se presta menos atención, o se habla menos.

Echa un vistazo a la cantidad de agencias de viaje que hay en tu barrio, sucursales de bancos, o agencias inmobiliarias; intenta recordar cuántas había y qué tamaño tenían hace tan solo una década. Otros casos que conoces bien, y quizá no es necesario que te recuerde son el número de librerías, de tiendas de discos, de quioscos, e incluso de locutorios que han desaparecido, y que son ahora tan solo un recuerdo.

La tecnología acerca mucho más al productor con el cliente y, aunque todavía quedan intermediarios en forma de tiendas, cada vez resulta más fácil encontrar la fuente de conocimiento, el creador, o una forma más rápida o barata de adquirir el producto.

¿Son intermediarios los políticos?

Estrictamente y pensando solo en la definición, los políticos (se supone) son los ciudadanos que elegimos para que nos representen. El invento nació porque es imposible que todos los ciudadanos, o al menos una mayoría, puedan estar debatiendo, opinando o decidiendo en los asuntos que interesan a todos. Por lo tanto, entre los administradores (gobernantes) y el pueblo, la democracia inventó una serie de capas intermedias para que grupos de intermediarios representaran los intereses de los gobernados y fuera posible llevar a buen término proyectos para el interés de todos.

Piénsalo por un segundo, los políticos no existen por nuestra necesidad de ser gobernados, no es porque queramos ver a “iguales” con más privilegios que quienes trabajamos para pagarles, no lo hacemos para que viajen en primera, o para que tengan inmunidad, es para que opinen, vigilen y decidan.

Las empresas, en su evolución, están usando tecnologías como Big Data para conocer al cliente y entender qué quiere y qué necesita, y están usando tecnologías sociales para comunicarse con los empleados en todos los niveles y en todas las áreas, de forma rápida y simple.

Pues bien, con tecnología y en un futuro muy cercano, un administrador puede recibir la información directamente desde los ciudadanos. En ese futuro próximo también un ciudadano podrá enviar la información de forma muy rápida y precisa al administrador. Así que las capas de políticos que llamamos diputados, senadores, concejales, y representantes de “todo”, no parecerán muy necesarias.

Tanto es así, que en la Administración ya no necesitaríamos políticos de carrera, sino personas con conocimiento. Si todos en el barrio nos hacemos socios de una empresa no vamos a nombrar como director al más simpático o a quien más promesas imposibles haga, sino que buscaremos a un profesional que sepa del tema. Lo mismo en la administración pública, tendríamos una oportunidad fantástica para buscar profesionales que sepan de los bienes y servicios que administren.

 
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