Los cobardes siempre triunfan

A menudo nos encontramos con situaciones en las que la vida nos pone a prueba. Trabajamos dentro de marcos de confusión y tomar decisiones se vuelve una auténtica odisea. Al final, caminar hacia un objetivo se convierte en una lucha infernal por no retroceder.

Es importante marcar las líneas de actuación con la seguridad de que se están haciendo las cosas en el sentido correcto. Se darán situaciones absurdas a partir de las cuales todo lo que pensábamos se convierte en erróneo, o al menos en dudoso. Los momentos de la verdad se acaban convirtiendo en, simplemente, una ruleta rusa donde nadie sabe cuál es el criterio a aplicar.

Por un lado tenemos a los valientes. Ese tipo de personas que son fieles a un criterio, que quieren romper barreras y que no tienen miedo a equivocarse. Los valientes son visionarios y se preparan para hacer el camino, para ver la luz al final del túnel y para guiar a su gente a una mejor vida. Es probable que los conozcas porque ven el riesgo antes incluso de que aparezca, saben cuáles son los problemas reales y se implican en resolverlos. Y son aún más arriesgados porque dan la cara delante de las personas con el único interés del bien común. Desafortunadamente, los valientes no son gente apreciada. Tienen conflictos con las trincheras, se ponen en primer lugar en la línea de fuego y, ten por seguro, que tienen las horas contadas.

Este país no está hecho para valientes. Este país nos ha acostumbrado a ver triunfar a los mediocres, a los cobardes, a aquellos que tiran la piedra y esconden la mano. En el camino piedras y en la conversación oscuridad, ruido e incorrección. Se premia la abnegación por delante de la innovación y se otorgan méritos y reconocimientos a aquellos que ponen palos en las ruedas. Este tipo de personas sabe que si no das la cara no te la parten, y que las balas nunca llegan a la última línea de fuego. Es triste pero es así.

Y no, no hablo de funcionarios, no hablo de enchufados, no hablo de cuñados, hablo de aquellos que ocupan sus puestos sin ninguna preparación, sin entender cuál es su lugar en su flujo de trabajo y su misión en la empresa. Hablo de aquellos que saben que, sin hacer nada, van a permanecer sin ningún riesgo ni estrés en su quehacer diario. 

En fin, que hasta que no entendamos que hasta que no se agite el árbol no caerán manzanas, y que ese principio tan básico se puede aplicar en cualquier tipo de empresa, no veremos avanzar tantas y tantas buenas ideas. Hasta entonces, será siempre más de lo mismo, uno agitará el tronco y otros se comerán la fruta. Porque los cobardes, siempre saben dónde ponerse para ganar sin hacer nada.

 
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