Las matemáticas petardas en los mercados de valores

La matemática financiera convencional ni funcionó en el pasado reciente, ni va a aguantar el futuro

Operadores de valores en Wall Street / EFE

Operadores de valores en Wall Street / EFE

Las llamadas ciencias económicas están aún en sus albores. Todo el mundo confía en que la economía global crezca de forma acompasada, insuflando optimismo, mientras la inflación sigue contenida y los resultados de las empresas en máximos. Cuando todos estábamos soñando en el paraíso rosa, los mercados van y nos dan otro susto.

Evolución anual S&P 500

Sin duda, nada que borre los excelentes resultados bursátiles del excelente último año, pero sí nos llama a reflexionar sobre varios aspectos de la teoría económica versus los datos reales.

En un mercado de valores eficiente, el comportamiento de la cotización es impredecible. Dado que los agentes que actúan en el mercado toman en cuenta toda la información disponible, es imposible anticipar el comportamiento del mercado. Existen modelos teóricos que describen el comportamiento de los precios como un paseo aleatorio, algo que depende del azar. Y tomando en cuenta la volatilidad como elemento de riesgo, se atreven a modelizar el valor de las cotizaciones futuras como una variable aleatoria de distribución normal y cuya desviación típica es la volatilidad. Ello permite hacer cálculos matemáticos fácilmente para determinar coberturas de opciones, valor en riesgo y otros instrumentos de común uso en finanzas. Sin embargo, resulta tan equivocado como creer que la tierra es plana.

En días normales, para la rutina diaria, la teoría financiera convencional funciona bien. Pero falla para predecir, no digamos anticipar, caídas de más de cuatro por ciento en una sola jornada, como las dos que vivió el SP500 esta semana.

S&P 500 VIX

El gráfico del VIX refleja bien cómo se dispara el día 6 la sensación de pánico. Un gráfico de comportamiento acelerado e intenso de la volatilidad no responde a los modelos estándar. Encontramos algo diferente, telúrico, ingobernable. No hay distribución normal, ni modelo CAPM que lo aguante y sin embargo, es la realidad tozuda: así funciona el mercado.

Cuando APPLE pierde un 5 por ciento en un día, siendo un gigante cuya capitalización equivale al 80% del PIB de España, se genera una catástrofe equivalente en pérdidas a un terremoto en Chile. Pensemos lo que ocurre cuando cae todo el SP500, da escalofríos. Y deberíamos prestarle mayor atención, no solo un par de telediarios.

Los economistas más cool primero explican a toro pasado cuál pudo ser la causa desencadenante. Después comentan como un buen gestor: usando derivados podría haberla obviado. Y finalmente, siguen a su negocio de business as usual como si no hubiera pasado nada. Es una estrategia cómoda, pero ¿sensata?

Los economistas no estamos a la altura. Nuestro juguete favorito, las matemáticas financieras, supuestamente sofisticadas, no lo son tanto. Desde 1990 se suceden diferentes episodios de volatilidad extrema, sin que los profesionales nos dediquemos seriamente a modelizar estos fenómenos de forma efectiva.

S&P 500 VIX a 1 mes

Desde 1990 se han registrado trece crisis que situaron al VIX del SP500 por encima de 27. A razón de un evento extraordinario cada dos años, en media.

El comportamiento de los mercados tiene que ver más con la modelización de fenómenos sísmicos que con el día a día. Por ejemplo, la arquitectura de solvencia de los bancos y aseguradoras pretende evitar quiebras pero se fundamenta en distribuciones estadísticas normales. Nos hemos volcado en crear modelos asumiendo normalidad estadística y olvidamos las hecatombes. Es como si en Japón construyesen los edificios e infraestructuras pensando en que no suceden terremotos periódicamente. Y esto lo pagamos todos en forma de crisis financieras periódicas.

La matemática financiera convencional ni funcionó en el pasado reciente, ni va a aguantar el futuro. Debemos desempolvar a Mandelbrot. He aquí la llamada a las armas matemáticas para robustecer el sistema financiero partiendo no de la estilizada teoría pura, sino de datos contumaces.

 
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