La vuelta al individualismo

En el mundo actual encontramos muchas paradojas. Nadie duda de que disponemos de la mayor cantidad de información por individuo en la historia de la humanidad. Las empresas tampoco quedan cortas. Nunca antes se sabía tanta información sobre las personas y los consumidores.

Aunque parezca lo contrario, tanta información, gracias a la tecnología, se procesa por muy pocas personas. Al final la clave del momento no es la información sino la capacidad de gestionarla. Una información ingente no es nada si alguien no la interpreta. Y en eso aparecen las personas, los individuos. Como misma parte del nuevo concepto son las personas individuales quienes interpretan los datos. Ese cambio sustancial devuelve al individuo al centro de la economía.

Ahora sabemos que las grandes nuevas empresas siempre tienen un nombre asociado a su crecimiento. Todos sabemos quien es Jeff Bezos, Bill Gates o incluso Elon Musk. En los tiempos del primer denominado 'fordismo' sabíamos qué era Ford o qué era Mercedes. Más tarde qué era Sony o Philips, pero no quiénes eran los individuos al mando. Las marcas ahora ya son más las personas. Y esa vuelta al individualismo en las actividades debe hacernos pensar en que hay que cambiar muchas cosas para adaptar la sociedad a este nuevo rol social y económico.  

A finales del siglo pasado se habló mucho en las Universidades anglosajonas del paso del 'fordismo a la flexibilidad'. Ahora empieza a tocar hablar del paso de la 'flexibilidad a la nueva individualidad'. Y como en aquel caso, no es mejor ni peor, sino simplemente es una forma de intentar explicar dónde estamos y valorar a dónde vamos.

 
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