La UE, un imperio (pero de los buenos)

Esta semana he acabado un libro apasionante, “Sapiens. De animales a dioses”, de Yuval Noah Harari, un estimulante (y polémico) recorrido por la historia de la humanidad que no deja indiferente.

Una de las claves que da Harari es la función de los imperios como uno de los 3 órdenes universales que “consiguieron trascender la división evolutiva binaria de “nosotros frente a ellos” y prever la unidad potencial de la Humanidad”.

Sí, los denostados imperios. Desde el asirio hasta el británico pasando por el romano. La forma de organización política más común en el mundo en los últimos 2.500 años.

Un imperio es un orden político que “gobierna sobre un número importante de pueblos distintos con una identidad cultural diferente y un territorio separado”. Asimismo, un imperio tiene “una flexibilidad territorial y un apetito potencialmente ilimitado”.

Un aspecto que destaca Harari de los imperios es el “carácter inclusivo y global” de la ideología imperial, con “la existencia de un conjunto único de principios que rigen todos los lugares y épocas”. Un claro ejemplo que aporta es el imperio romano: al cabo de los siglos, no había íberos, galos o samnitas, sólo ciudadanos romanos. Un claro ejemplo fue la presencia de emperadores procedentes de Hispania o África.

Un factor decisivo para la supervivencia de los imperios es la estandarización a través de “la diseminación de ideas, instituciones, costumbres y normas”.

Llegados a este punto, ¿no os resulta familiar esta descripción con lo que es la Unión Europea?

El euro, el Parlamento europeo, las diferentes regulaciones, el mercado común, el modelo europeo… Hasta el Erasmus. En apenas unas décadas se ha conseguido algo parecido a una identidad europea mediante esa “diseminación de ideas”.

Lo que no consiguieron por la fuerza Carlos V, Napoleón o Hitler lo han conseguido 60 años de cooperación económica y política, tras aprender de las cenizas de la segunda de las guerras que asolaron Europa en apenas 30 años.

Ya no existe aquel “ellos y nosotros” dentro de Europa. Si hace 70 años explicáramos a un alemán o a un francés la relación que tienen hoy sus nietos, nos tratarían de locos.

Valoremos lo conseguido en estos 60 años echando la vista atrás a la historia europea de los últimos 400 años, en los que no ha habido nación que no haya luchado contra otra repetidas veces.

No dejemos perder esa gran oportunidad de tener una Europa unida, de pasar de ser franceses o españoles, a ser europeos. Del “ellos” al “nosotros”.

Los imperios siempre se han construido mediante el poder bélico y la conquista. La UE es la gran y afortunada excepción a esa regla.

La UE confirma lo que dice Harari, que los imperios no necesariamente han sido malos.

La celebración del 60 aniversario de este gran invento llamado Unión Europea debería servir de revulsivo para renovar y fortalecer el sueño europeo.

Mejoremos pues este (imperfecto y lleno de errores pero) muy necesario imperio europeo.

 

 
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