La tibieza de los banqueros catalanes

En Cataluña coexisten dos grandes entidades bancarias "propias". Por orden de importancia, CaixaBank y Banc de Sabadell. Ambas dirigidas con mano de hierro por dos hombre de la vieja guardia, nacidos en la postguerra en la década de los 40: Isidre Fainé (75 años) y Josep Oliu (68 años).

Estos días tienen prisa. Incluso algún alto dirigente de sus bancos comenta que no habían pensado que se llegaría tan lejos. Su tibieza durante estos años contrasta con la fuerza del fallecido Lara, de Planeta. Con él presente esto no hubiera sucedido. Falta gente que sepa levantar el teléfono, llamar a Puigdemont y decirle que no cuente con ellos cuando uno se salta la Ley. No había que hacerlo hoy, sino hace semanas. Faltó valor, faltó coraje.

Ambos, con una edad ya avanzada, han visto de todo. Pero quizás deberían haber pensado que las generaciones venideras no deben soportar situaciones como la España de los 40 o de los 30. Eso debía ser historia y ellos, con su silencio cómplice de estos años, no sólo han permitido el circo, sino que en cierta manera lo han fomentado. Esta crisis va a confirmar que en la Cataluña actual, en la España actual y, por qué no decirlo, en la Europa actual, la mayoría de gente que vive por encima de sus posibilidades, no son la clase media sino la clase más alta, la más adinerada.

Personajes que por estirpe familiar viven por encima de sus posibilidades y su capacidad de gestionar situaciones conflictivas. Son directivos incapaces de enfrentarse a un problema serio con responsabilidad. Ahora Fainé y Oliu tienen un problema y se llama Puigdemont. Ahora, que corran a cambiar la sede de sus bancos. Lamentablemente el daño por su silencio de estos años ya está hecho. Y eso, el mercado, que tampoco es tonto, lo sabe.

 
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