La ikastola catalana

​Parece que fue ayer cuando mi padre me contaba una anécdota cuando la piel de toro empezaba a llenarse con torres de telefonía móvil, muy antiestéticas ellas hasta que se crearon los revestimientos con imitación a pino mediterráneo o palmera datilera para ocultar el enjambre de repetidores bajo la copa del árbol artificial. Los ayuntamientos aceptaban a los técnicos que inspeccionaban el terreno y elegían la colina más adecuada para levantar el poste, para alegría de los paisanos que empezaban a despertar a la tecnología inalámbrica. Todo iba bien hasta que se les atravesó un pueblecito con ecologistas. Con todo el mal que la tecnología crea, con el cáncer que provocan las ondas de los móviles, y con lo feas que van a quedar las ovejas del tío Rogelio posando con la torreta esa de fondo en la foto de la revista anual de las fiestas. No señor. Aquí no se pone un poste de telefonía móvil. Finalmente se organizó una reunión en la que el alcalde, el grupo ecologista y los diabólicos instaladores se verían en el prado donde la antena debía levantarse. Los verdes y los empresarios llegaron a su hora, pero la autoridad pública se hacía esperar. Media hora más tarde, los ecologistas tuvieron la idea del millón: ¿por qué no llamamos al ayuntamiento para saber si viene el alcalde ya?

Y la respuesta de los invasores fue lógica: Mmm… porque… no hay cobertura y no queréis poner un repetidor en el prado.

Sin antena no hay cobertura. Sin antena tampoco hay mercado porque no hay clientes. Os podéis quedar con el prado y con las ovejas del Rogelio, pero os desconectáis del mundo, majetes. Les ponemos un repetidor extra a los del pueblo de al lado, y si queréis cobertura, ya sabéis dónde ir.

Los mismos rebeldes acabaron pidiendo la antena a gritos. Seguramente aquellos revolucionarios de la naturaleza son hoy respetables agricultores que vigilan sus cosechas con drones y envían el informe diario de la leche de sus ovejas al laboratorio del queso por internet.

Los ecologistas rebeldes se han metamorfoseado en los antisistema de hoy, pero los retoños actuales, malcriados y desatendidos por sus padres, se han enrabietado y aspiran a echar a todos de casa para quedarse ellos con todo. Han aprendido a señalar con el dedo acusador porque alguien no les ha inculcado la responsabilidad de cuidar de sí mismos y aportar a la comunidad.

Durante décadas se han utilizado las competencias en educación para politizar la enseñanza de esos retoños hasta que el problema es como el elefante dentro de la habitación: todo el mundo lo ve y pasa de lado, pero nadie hace nada. Los padres están angustiados y el asunto se ha ido de las manos: en los colegios politizados las ideas no se discuten, se imponen, y sólo valen los debates si gano yo. Y si no gano yo, me separo. Cruz y raya para toda la semana. Bienvenidos a la ikastola catalana.

 
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