La guerra perdida de Planeta

Hablar de Grupo Planeta, para algunos, es siempre un acto de respeto hacia su fundador, pero ante todo también hacia la persona que convirtió una editorial que vendía libros a crédito en un gran grupo audiovisual, como fue Jose M. Lara Bosch. Era a principios de los noventa cuando existían aún dos grandes grupos editoriales en Cataluña con una linea de actuación similar. Se hablaba de una cifra mágica, los 50.000 millones de pesetas, unos 300 millones de euros actuales.

Uno de los dos, Planeta, apostó por la televisión y la tecnología, mientras que el otro pensó que mejor no tocar lo que funcionaba bien, el libro a crédito. El tiempo acabo dando la razón a Jose M. Lara. Los años fueron de sumas y aciertos. También, cómo no, algunos errores. Desde tecnológicos, como la inversión en la fantasía de Lanetro, a otros que parecían más sólidos, como el Banco Sabadell, que acabó siendo su gran naufragio. 

Curioso en todo caso que aquel banco donde Lara palmó más de 300 millones de euros haya ejecutado la casa grande Planeta en la Diagonal de Barcelona. Un edificio orgulloso que tanta ilusión genero en el patrón de Planeta. Quien me conoce sabe que profeso una admiración enorme por ese gran personaje de la cultura catalana. Lara brilló en tiempos difíciles. Sus actuales gestores me recuerdan aquella editorial perdedora de los años 90, que nunca evolucionó.

Es triste cuando grandes negocios, como es Planeta, son llevados como simples cuentas sin valorar el pasado y aún menos el futuro. No es fácil gestionar una empresa, pero sobre todo no es fácil gestionar una pasión. Algunos olvidan que la cultura debe ser negocio, pero para ello, ante todo, debe mostrar carácter y formas. Perder el edificio de Planeta en Avenida Diagonal nunca hubiera sido aceptado por José M. Lara. Quizás es el principio de la gran derrota de Planeta. 

 

 
Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Más información