La eurozona está construida de manera equivocada

Estas palabras se las dijo el ex ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble a Yanis Varoufakis en una de sus conversaciones. En la misma le indicó: “Usted probablemente sea el único (en el Eurogrupo) que entiende que la eurozona es insostenible. Deberíamos tener una unión política, de eso no hay ninguna duda".

He de reconocer que cuando Europa nació me invadió un sentimiento especial de orgullo y pertenencia, así lo reflejé cuando cursé derecho comunitario en el que, no obstante, ponía como punto débil de esa Unión el que los Estados no renunciaran a su soberanía en beneficio de la Unión. Una reflexión de Mark Leonard es la mejor explicación al respecto, “¿Qué divisiones resultan mayores, aquellas entre los estados miembros o las que ocurren dentro de ellos?”.

Cierto que jamás sabremos cómo estaríamos hoy si la Unión hubiera sido efectiva. También lo es que el sentimiento con respecto al Euro también tendría otras connotaciones.

En su 25 aniversario, la Unión observa como los ismos vuelven a ocupar sus calles. Nacionalismos, populismos y extremismos ganan en presencia y en seguidores. Sus Estados Miembros viven momentos inquietantes (por definirlos de algún modo) a nivel interno: el conflicto catalán en España cuya solución traerá, a buen seguro, nuevos desequilibrios territoriales. Las probables nuevas elecciones por la dificultad de un nuevo Govern darán mayor vigencia al 155 y al ajuste de cuentas personal de Montoro. El movimiento independentista ha despertado a otros movimientos secesionistas a los que, paradójicamente, no dan legitimidad

En Holanda, tardaron 208 días en formar nuevo gobierno tras las elecciones. En Alemania tres meses y medio después de las elecciones generales seguimos atentos a las negociaciones entre la derecha y la izquierda. En el Reino Unido parece que el divorcio externo con la Unión Europea también es interno con una clase política gobernante en donde impera la confusión sobre el Brexit. Y en Polonia, nacionalistas blancos y neonazis organizaron recientemente una marcha masiva por las calles de Varsovia

La Unión ha suspendido en la primera gran crisis a la que se ha enfrentado. Ha creado nuevos valores que pocos ciudadanos respaldamos. La teoría del mal mayor ha sido el nexo de unión de todas las decisiones que han ido atropellándose en los organismos europeos. El rescate bancario ha vulnerado y cambiado las reglas del juego. Que el dinero público salga al rescate de empresas privadas por encima de sus dueños y acreedores es una decisión difícil de justificar y de superar. El bucle de refinanciación de la deuda bancaria con la refinanciación de la deuda soberana, en el que han entrado Gobiernos y entidades financieras con la complicidad del BCE, es otra decisión de difícil defensa.

Muchos dirán que fue necesario y que las decisiones tomadas nos han salvado de algo mayor. Puede ser. Como también puede que lo único que hayamos hecho sea trasladar el problema a un momento futuro.

El economista Barry Eichengreen nos recuerda que en los Estados Unidos nadie espera que un gobierno estatal interfiera en los pagos entre estados, reescriba las reglas de quiebra o emita su propia moneda en caso de una crisis extrema.

Coincido con Martin Sandbu del Financial Times en señalar que la reforma crítica es impedir los rescates bancarios por parte de las autoridades públicas. Las entidades privadas deben tener sus propios mecanismos y contingencias para solucionar dichas situaciones. Quizás baste con eso para que la Unión pueda pasar a un nuevo nivel y pueda volver a generar ilusión.

Existe una corriente cada vez más creciente en el seno de Europa, según la cual no es necesaria ni una unión fiscal ni una unión política. Como afirma Dani Rodrik, profesor de política económica en la Universidad de Harvard, hay una visión alternativa y mucho menos ambiciosa: lo que hay que hacer es desvincular las finanzas privadas de las finanzas públicas, aislando a cada una de ellas de la negligencia de la otra. 

Sandbu sostiene que esto no sólo aislaría las finanzas públicas de las imprudencias de los bancos; también conduciría a un equilibrio que imite la distribución del riesgo fiscal entre los países que son prestatarios netos y los países que son prestadores netos.

Wolfgang Schäuble y Yanis Varoufakis, en las antípodas del pensamiento político, coincidieron en la conclusión. Macron y el líder de los socialdemócratas de Alemania, Martin Schulz, también han señalado la necesidad de dar un paso más.

Nos hacen falta más líderes que sepan expresar esa europasión como lo hace Macron (tal y como señalé en otro artículo). Las fórmulas están encima de la mesa. El paso es necesario o la eurozona quedará construida de manera equivocada.

 
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