La crisis financiera cumple 10 años

Somos muy optimistas sobre el progreso humano y los mercados, simplemente somos bajistas en cuanto a los gobiernos - Jonathan Tepper & John Mauldin en su libro "Código rojo"

Este agosto se han cumplido 10 años del estallido de la crisis financiera.

El primer gran aviso de lo que se venía fue en agosto de 2007 cuando el banco francés BNP Paribas decidió limitar el acceso de los inversores al dinero que habían depositado en tres fondos. Una señal que muchos ignoraron y a la que siguieron otras realidades en diferentes partes del mundo en forma de quiebras de entidades financieras, nacionalización de muchas de ellas, constricción de la actividad crediticia, intervención de la economía por parte de los bancos centrales y consecuencias tan negativas como directas en el empleo, el comercio, el ahorro y la inversión.

Nada que ninguno no hayamos sufrido de forma directa o indirecta.

Diez años después del inicio de la crisis, y aún en el inicio en Europa de la posible recuperación, viejos fantasmas asoman de nuevo y hacen vislumbrar nuevas turbulencias.

Los cambios estructurales en la industria bancaria europea han sido verdaderamente notables tal y como puede leerse en el informe elaborado por el servicio de investigación de Deutsche Bank. No obstante, y como acertadamente señala Mohamed A. El-Erian, seguimos con un modelo económico “que depende excesivamente de las finanzas para crear un crecimiento sustentable e inclusivo“. Esta financialización de la economía ha contribuido a que los bancos ganen peso en lugar de reducirlo.

En este contexto, en un artículo publicado en The Independent, podemos leer cómo en los Estados Unidos, desde la crisis, los seis mayores bancos estadounidenses controlan ahora casi el 70 por ciento de todos los activos del sistema financiero estadounidense, un 40 por ciento más. JP Morgan, el mayor banco del país, tiene más de 2.4 billones de dólares en activos. Por su parte, en Europa, los bancos italianos, españoles y alemanes poseen alrededor del 24 por ciento (más de 400.000 millones de euros) de todos los bonos del Estado, un 41 por ciento (alrededor de 300.000 millones de euros) y un 15 por ciento (unos 240.000 millones de euros), respectivamente.

Una alegoría al despropósito que ha contado con el beneplácito de los bancos centrales que, con sus innumerables programas de compras de activos, han inundado de liquidez los mercados provocando aumentos de los precios de los activos y alentado el regreso de las prácticas bancarias dudosas.

Volviendo a El-Erian, “una década después del inicio de la crisis, las economías avanzadas todavía no se han alejado de manera decisiva de un modelo de crecimiento que depende excesivamente de la liquidez y el apalancamiento -primero de instituciones financieras privadas y luego de los bancos centrales-“.

Como bien señala el economista, “tienen que hacer suficientes inversiones en infraestructura, educación y capital humano en términos más generales“. Se espera de ellos programas fiscales que contribuyan a ese cambio de modelo económico y que ponga el crecimiento en manos de aquellos que son sus únicos protagonistas: el ciudadano y las empresas.