¿Invertir en España? Pies, para qué os quiero

​Estos días me invitan a una reunión sobre cómo obtener la nacionalidad de Antigua y Barbuda (a ver un momento, que busque las islas de “Piratas del Caribe”), una novedad en el negocio de las segundas nacionalidades, porque estaba ya un poco harta de anuncios para el green card americano o cómo ser canadiense sin haber pisado Nova Scotia. En Emiratos este tipo de publicidades nos llegan a todos, porque no toda la gente de los doscientos países que convivimos aquí tiene un pasaporte tan fuerte como el español o el alemán, mal que les pese a los nacionalistas. Otra cosa sería invertir en Antigua y Barbuda -acabo de localizarlo en GoogleMaps-, tomando daiquiris en la puesta de sol. Pero, ¿qué me dicen de invertir en España, ahora que acabamos de darle la vuelta a la tortilla a falta de un año y poco para elecciones generales?

Les invito a utilizar dos marcos para evaluar las posibilidades de atraer inversores a un país y que pone un poco de distancia emocional con los prejuicios de cada uno a la hora de gastarse el dinero.

El Packenham Model sirve para evaluar las credencias políticas ante una supuesta reforma económica. El profesor Robert Packenham intentó que esta metodología aclarase a los estadounidenses dónde y cuándo invertir en Latinoamérica. Apliquémoslo con España:

  • Sistema de partidos políticos: ¿consolidado o fragmentado?

  • Credenciales políticas del presidente: ¿buenas o malas?

  • Capacidad de liderazgo del presidente: ¿buena o mala?

  • Consenso político: ¿alto o bajo?

No parece que, vista la distribución de colorines en el Congreso ni los apoyos de tipo “hoy sí en los Presupuestos, pero mañana no en la moción”, la cosa ofrezca solidez. Más bien refleja intereses particulares, lo que se interpreta como rule of thumb (la regla de oro no escrita y por tanto subjetiva de quien ostente el poder) frente al rule of law (las reglas legales, bases de la transparencia que demandan los inversores extranjeros).

El segundo es el Hipskind Model y sirve para medir el riesgo de una devaluación de la moneda. Aunque no podamos aplicarlo al cien por cien porque, afortunadamente, España todavía está dentro de la Unión Europea, hay preguntas que se pueden responder fácilmente viendo los telediarios:

  • Flexibilidad del tipo de cambio: ¿fijo o flexible?

  • Tamaño del déficit de la cuenta corriente: ¿grande o pequeño?

  • Tamaño del déficit presupuestario: ¿grande o pequeño?

  • Cantidad de reservas extranjeras: ¿pequeña o grande?

  • Cantidad de deuda externa: ¿grande o pequeña?

  • Riesgo político: ¿alto o bajo?

  • Efecto contagio: ¿grande o pequeño?

Los tirones de orejas de Bruselas y el FMI tienen que ver con todas estas balanzas abstractas, pero las dos últimas preguntas apuntan directamente al comportamiento de rebaño de los inversores: riesgo político y efecto contagio. Con la que está cayendo en Italia, con las euro órdenes que no terminan de ejecutarse y con el cambio político inesperado, ¿usted invertiría en España a largo plazo? Pies, para qué os quiero.

 

 
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