Hoy es otra vez 30 de diciembre

Hoy vuelve a ser 30 de diciembre. Estoy aquí sentado viendo a mis hijos jugando a la Play, esperando a que llegue mi mujer de dar una vuelta y, tras pasar la jornada con grandes amigos, me estoy preparando para la gran noche del año. Hoy nuestra velada volverá a ser irrepetible como desde hace ya mucho tiempo, porque lo único se volvió tradición.

Es sábado, un día normal, de descanso para mucha gente y el día después de acabar el año laboral. Algunos cogieron vacaciones y otros ya lo estaban. Para mí, ayer todavía fue una jornada de trabajo duro y de viaje. Cuando volví estaba feliz. Feliz porque este año tampoco pudo conmigo y porque la salud volvió en forma de fuerzas. Empezó con un Alejandro débil y asustado, intentando encontrarse y lo despide sonriendo a la vida, que es de lo que se trata.

Aunque yo no lo sabía, no estaba bien. No te recuperas de un mal de forma instantánea. Ni tu cuerpo ni tu mente son las mismas después de poner la maquinaria a cero. Crees que puedes, pero no llegas. Piensas pero estás bloqueado, actúas pero fallas. No debe importarte la debilidad, solo debe importarte ser positivo ante ella. 

Cariño, amor, durante este camino nunca estuve solo, tú siempre me agarraste la mano y no me dejaste desfallecer. Gracias.

Sin querer, y por primera vez en años, tuve que renunciar a cosas. Tuve que decir no en algunas situaciones y sufrí algún que otro revés en lo laboral que me afectaron en lo emocional. Y es que vivir es eso, subir y bajar y tratar de volver a subir. El desbloqueo mental que produce el fracaso es hasta positivo y desde entonces no soy aquel personaje enfadado con el mundo. Ya me he reconciliado y me encuentro mucho, pero que mucho mejor. 

Volví a correr. Lo hice por mí, porque sé que puedo. Volví a correr justo el año después en que pensé que no correría más. Conquisté la Behobia, lloré en la carrera por la emoción que supone estar allí, con amigos, con gente, sin motivo alguno. Solo por estar sano y cruzar la meta. Corrí con mis amigos David y Dani. Quién nos lo iba a decir.

Un año lleno de sorpresas, de personas que conoces y alegran tu vida. Un año de Puertollano, de Móstoles, de TedxMondoñedo, de Barcelonadd, por supuesto de Madrid, de tantos amigos y amigas y tantas situaciones en las que lo pasamos bien y reímos. Un año de intimidades y de gracias a la vida. Un año de situaciones y de apuestas ganadas y perdidas. Un año en que la balanza volvió a ser positiva.

Una mención especial a aquellos y aquellas que apostaron por mí. No tengo pinta de ser la persona más fácil del mundo pero sí puedo ser la carta ganadora. Este año vi cómo la partida se jugaba a todo o nada y gracias a muchos ganamos en la mano definitiva. Yo también apuesto por vosotros, porque cuando lo leáis ya sabes quienes sois. Lo vamos a conseguir.

Y otra vez, volvemos a ser los de siempre. Los que hace,- y ya he perdido la cuenta de los años-, mucho tiempo convertimos la noche antes de Nochevieja en un punto y aparte en nuestra forma de celebrar la navidad. Hoy vuelve a ser 30 de diciembre. No se acabarán nuestras miserias pero es una ocasión que te recuerda que allí están los amigos y que lo que merece la pena es seguir apostando por ello. Es la noche más bonita del año y nada puede hacer que nos la perdamos.

 
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