Falsas tecnológicas y falsos autónomos

La economía está pasando por un momento de transición en el que las empresas fundadas con anterioridad al año 2000 están buscando su camino a la era digital, y las empresas llamadas nativas digitales no solo están dando sus primeros pasos, sino que también están haciendo travesuras. Lo malo de estas travesuras es que son conscientes de que las hacen, y las hacen porque básicamente las estructuras que regulan los mercados son estructuras del siglo pasado, que deberían hacer también su transformación digital, pero que no la hacen porque nadie se lo exige, y porque los errores los pagan otros, no ellos.

Es básicamente como engañar a tu abuelo con el móvil, el adolescente va diez pasos por delante y el pobre abuelo ni entiende lo que está pasando, ni tiene muchas ganas de ponerse al día. Total, su pensión no se altera por no entender.

Ha sido necesaria mucha investigación, una enorme inversión en la Unión Europea para determinar que Uber es una empresa de transportes y no una tecnológica. Los oficiales de la Unión Europea, además de no entender el mundo digital, no tienen interés, y son arrogantes, porque determinar lo que hace una empresa es muy fácil, si le hubieran preguntado a un profesional de las finanzas, habría revisado las facturas que emite la empresa y al ver que todas son de transporte se lo habría comunicado “al abuelo” y éste podría entonces actuar en consecuencia. La otra opción, ya que Uber insiste en que es una empresa tecnológica, es preguntarle a un profesional de la tecnología si esto es cierto, y habría recibido un no por respuesta, con lo que se habría terminado la discusión. Pero la ignorancia y la desidia son malas amigas, por esta razón se invirtió tanto, pero lo peor del escenario es que no se aprendió nada.

Es muy halagador que las nuevas empresas, e incluso muchas de las ya establecidas, quieran estar en una categoría o ser clasificadas como tecnológicas. No habría imaginado cuando entré en la facultad a estudiar informática en 1989 todo lo que la tecnología tenía por traer. Sin embargo, el aprendizaje que no hemos conseguido hacer, es que la tecnología es una herramienta como cualquier otra, maravillosa, pero como las demás. Cuando se usa con responsabilidad se consiguen resultados estupendos, pero cuando se usa sin responsabilidad, sin ética, los resultados son malos, igual que con cualquier otra herramienta.

Mi eterna discusión con los abogados y expertos del Derecho es que el escenario al cortar un árbol con un hacha o con una sierra eléctrica producen el mismo resultado, se ha cortado el árbol. En el campo digital ocurre lo mismo, una empresa de transporte tradicional con sus camiones de reparto, y con tablillas en papel, frente a una con gestión automatizada digital sigue siendo una empresa de transportes.

Estos nuevos adolescentes juegan con los abuelos porque se esconden en países diferentes a los que prestan el servicio, y no interactúan con los empleados, y sí, he dicho empleados. Deliveroo, Uber, Facebook, Airbnb no ven a los ojos a sus empleados, les llaman asociados, o clientes, pero son quienes hacen el trabajo que está en relación con las facturas. Explotan las necesidades de la población, el oportunismo, y les pagan (cuando les pagan) con modelos falsos, obligando a ser autónomos para prestar servicios, cuando en realidad son empleados dependientes.

Intentaré explicarme mejor, hay reglas básicas en la producción. En una empresa todos son empleados y todos son importantes, pero hay unos departamentos y unos puestos de trabajo que están directamente relacionados con el objeto de la empresa. Por ejemplo, en una bananera, hay contables, y hay comerciales, y hay productores que cultivan, cortan y preparan la fruta. Normalmente se hace outsourcing (contratación de servicios externos) de aquello que no forma parte del núcleo. Es bastante extraño fundar un banco y quedarse con la parte de gestión contable, o el marketing y hacer outsourcing de los servicios de banca. No es que no se pueda, pero no es lo usual, o al menos no te has convertido en banquero.

Hagamos una prueba, Facebook es la mayor empresa de contenidos del mundo y se dedica a la venta de publicidad asociada a dicho contenido, no es una tecnológica, si vemos las facturas que hacen son por publicidad. Ahora bien, quién produce el contenido, qué relación laboral o comercial tienen con quien cobra por el contenido. Otro ejercicio, Deliveroo es una empresa de transporte de mercancías, de hecho, el nombre lo implica, pues bien, quién hace la entrega, qué relación laboral tiene con la empresa, cómo no van a representar a los empleados principales.

Me gustaría añadir un elemento más, la dedicación. Un conductor de Uber, un ciclista de Deliveroo, un anfitrión de Airbnb, o un productor de contenido de Facebook dedican horas, muchas horas diarias a su trabajo, con la excepción de Facebook que no comparte nada, a diferencia de Youtube por ejemplo. Dicha cantidad de horas debería significar algo para definir la relación con una empresa. Permitir estas situaciones contrae riesgos añadidos, para poder competir, quizá DHL debería deshacerse de sus conductores y repartidores y pasar a un modelo como el de Deliveroo, o un medio de comunicación dejar de pagar a los periodistas para poder tener precios de publicidad a nivel de Facebook. Espero que esta no sea la transformación digital que nos hereden los abuelos.

Como informático, me molesta que la falta de ética en los negocios sirva en esta época para ocultar malas prácticas comerciales detrás de un mal llamado negocio tecnológico, pagando poco o nada a los productores principales de la empresa, y todo esto, porque los abuelos de las instituciones ni le preguntan a los financieros, ni le preguntan a los informáticos, pero dan discursos como si tuvieran idea de lo que hablan. 

 
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