Es irresponsable pedir al usuario que acepte los términos y condiciones

Las aplicaciones, las webs y las redes sociales en general cambian las condiciones y términos de uso con frecuencia. Es un baile muy frecuente que se basa no solo en el capricho de los empresarios, sino también en diferentes sentencias, reclamaciones, y riesgos.

La reciente noticia de Facebook es solo un caso más. Nada de qué asombrarse, como dicen, nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, en mi opinión es un caso más de abuso por parte de un proveedor, y descuido por parte de las autoridades respectivas (que por cierto pocas veces sabemos quiénes son).

Lejos del mundo virtual, en el mundo real, no nos vemos obligados a aceptar los términos y condiciones “en modo usuario”. Después de comprar un coche, nadie se imagina haciendo los primeros ajustes y de repente ver un mensaje para aceptar los términos y condiciones, y mucho menos estar de viaje a 200 kilómetros de casa y que te notifiquen que los términos han cambiado. Qué podríamos hacer en una situación así, devolver el coche no creo que sea una opción.

Los fabricantes de vehículos deben cumplir con una serie de requisitos que la administración acepta por todos nosotros, esta situación le permite acceder al mercado y vendernos un coche sin que los usuarios tengamos que hacer las validaciones por nuestra cuenta, que si así fuera, y al menos en mi caso, no conseguiría un permiso para subir a un coche ni de pasajero.

El reciente caso de Facebook es un caso todavía más complejo. La red social le pidió a un conjunto de usuarios permiso para acceder y usar datos personales, y se excedió usando también los datos de los amigos de éstos sin haber pedido permiso. A mí me gustaría poder conversar con los 270.000 usuarios que “supuestamente” dieron la autorización por medio de la descarga de una app, y preguntarles si entendieron la autorización que estaban dando, me refiero a preguntarles como seres humanos, no con una encuesta tramposa.

Es irresponsable pedir a los usuarios que acepten los términos y condiciones, y mucho más cuando éstos cambian y no hay opciones más allá que desinstalar la aplicación, o dar de baja la cuenta y enviar cartas certificadas pidiendo que descarten los datos personales, esto último en el caso de que tenga oficina local. Todo esto debe ser un proceso controlado, como cuando compramos una sopa en el supermercado, o pedimos un café en un bar. En estas situaciones sabemos dos cosas, que el vendedor ha tenido que cumplir con requerimientos frente a una agencia de la administración que confiamos sabe qué pedir y cómo validar; por otro lado compramos y consumimos con confianza porque sabemos que hay un mecanismo también controlado para proteger nuestros intereses.

Las situaciones de confianza no se dan con empresas “digitales” globales, comercian en el país sin necesidad de tener la menor representación en el territorio donde están usuarios y clientes, no requieren cumplir con la licencia de apertura y los largos, tediosos y difíciles trámites que ha tenido que cumplir un ciudadano para abrir un negocio simple en su país, en contraposición con una empresa extranjera que usa datos sin control, y los usa para manipular (influenciar) el comportamiento, incluyendo a menores.

Los términos y condiciones debe aceptarlas la administración en nombre de sus ciudadanos, así los ciudadanos tendrán la confianza y la oportunidad de usar las aplicaciones para lo que fueron construidas. Creo que también los fabricantes se sentirán más seguros y se alejarán un poco del vértigo diario y la necesidad de probar cada día cada cláusula.

 
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