Eres tú ese dictador que no quiere reconocerlo

A mis chicos de Zaragoza.

En nuestro día a día, a menudo se producen situaciones características que debemos identificar como problemáticas. Salir de la zona de confort tiene sus consecuencias. Si te mueves de tus labores habituales o si no ejecutas una tarea a la que estás acostumbrado, tu vida se agita sin un rumbo claro.

Existe una nueva tendencia de pensamiento y se empieza a acumular en las redes sociales la presencia extraña de personas que creen tener la solución para cada una de las situaciones. Gurús que charlan y disertan sobre cómo acometer y atacar cuestiones cotidianas de forma exitosa pero que en el día a día no han logrado completar ni la fase uno del juego de la vida.

Si nos ceñimos a la realidad, ésta no es más que un juego defensivo y la vida es otra cosa. Parte del éxito personal se forja en partidas de equipo y el conseguir los objetivos comunes es la clave para que se refieran a ti como una persona capaz. Liderar es algo más que hablar, es mezclar los roles y dividir los esfuerzos de forma que se llegue más rápido al destino. Me resulta, al menos curioso, la necesidad de ciertas personas de sentirse protagonistas, de acaparar la atención y de hacer creer al mundo que son indispensables. Tenemos una capacidad limitada de acción, y del mismo modo tenemos una imperceptible capacidad de parecer que cualquiera de nuestros actos es definitivo. Por ello, es admirable la capacidad de algunos sujetos de amplificar una mentira y hacer que el público piense que es real.

Democratización y colaboración, esa es la clave. Diferenciar y potenciar los roles de las personas con las que te relacionas hará que tengas vehículo y combustible. Hacer que la energía fluya es la esencia del caminar. En la época de las capacidades múltiples debemos entender que cualquier tipo de individualidad es un atraso y que publicitar lo buenos que somos en nuestra soledad es del género tonto.

Por ello, siempre debes tomar los consejos de quien te rodea, no como crítica sino como parte del proceso de aprendizaje. Eliminar ruido y errores nunca puede ser función del que se mira el ombligo sino de quién es capaz de notar las diferencias entre lo que eras y en lo que te has convertido. Cuando eres parte de un proceso de valor, si te crees más importante que tu propia función harás que todo colapse, que se vuelva estático, que no avance y que la responsabilidad recaiga en ti. Si eres lo suficientemente hábil como para dar salida y optimizar cada una de las entradas y las capacidades que se te piden, multiplicarás el producto final y afrontarás el reto de distinta manera.

Si has acabado de leer es importante que pienses en todas las consecuencias de tu egoísmo. Si no te apoyas en quien te rodea, si no respetas la relación con ellos, si te crees con derecho a criticar todo lo que tú no aportas y si crees que todo lo que no entra bajo tu patrón mental de comportamiento es erróneo, te estarás convirtiendo en ese dictador que llevas a gala no ser.​

 
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