Durante el pleno de investidura de Mariano Rajoy no ha pronunciado cita alguna sobre los emprendedores. Ha sido, en esta ocasión, el líder de Ciudadanos Albert Rivera quien en su breve discurso ha señalado: "Los españoles no pueden esperar más. Ni los trabajadores que cobran 700 euros pueden esperar, ni los enfermos dependientes pueden seguir viendo recortes ni los emprendedores pueden seguir con trabas para sus negocios"

Uno repasa el último índice de facilidad para hacer negocios del Banco Mundial y constata que España está en el puesto 33, por debajo de países como Mauricio, Portugal o Macedonia. Una posición, sin duda indigna, para una de las principales potencias económicas de Europa. Seguramente el gran problema de España es que ningún legislador ha pasado por la empresa privada, por el emprendimiento. Creen a pies juntillas en leyendas urbanas y son tan ignorantes que se dejan llevar por cualquier vende humos.

Y ese es el gran problema de Mariano Rajoy, y de cualquier político, incluido Albert Rivera. Ambos viven en un mundo alejado de la realidad. Tristemente pero no son un caso único. Toda la política en España se desarrolla a una gran distancia de la calle. Una distancia que algunos creen superar con manifestaciones o, como indicaba el portavoz socialista, con mensajes en twitter. Y la red, como cualquier otra red, es eso... simplemente un escaparate de opinión. Al final lo que manda es la experiencia y el saber hacer. Y señores, eso se consigue con algo tan simple como la experiencia.

Esperemos, pues, que el nuevo Gobierno comience a pensar en los emprendedores como el motor del país. Aunque para pensar en eso deben verlos, conocerlos, esforzarse como ellos. Parece, en todo caso, un reto difícil. Principalmente porque ignoran valores como el esfuerzo y el trabajo. Desconocen, también la vida diaria. Por ejemplo, que por retrasar un día el pago de los autónomos debas pagar un 20% de recargo. Una aberración que ni un banco usurero se atrevería, pero que ningún gobierno tiene voluntad de modificar.

Desde ahora ese debe ser el gran reto de Mariano Rajoy. Pero no solo del presidente, sino de cualquiera que quiera arrogarse el nombre de oposición. No debemos olvidar que existen, como concepto. para construir nuevas ideas, no para destruirla tal como prometen, a día de hoy, sus postulados. La oposición es tan importante como la competencia en un mercado equilibrado. Mariano Rajoy debe entender qué es emprender, pero la llamada oposición, sea quien sea, debe entender también que para crear riqueza uno debe construir nunca destruir.