El retraso de los Concursos de Acreedores en España

Aunque se hayan hecho grandes esfuerzos en los últimos años, los concursos de acreedores, más conocidos como suspensiones de pagos, siguen siendo un fracaso de la gestión política y judicial en España. Los convenios son cada vez más escasos y la furia depredadora de la TGSS y Hacienda tumban muchas esperanzas con unos privilegios inaceptables en pleno s.XXI.

Como concepto cualquier empresario debería ser respetado. Un empresario que presenta un Concurso debería ser, aún más, doblemente respetado. No sólo ha gestionado una empresa hasta un nivel donde no ha podido crecer, sino que ha tenido la responsabilidad de llevar sus números ante el escarnio público. A diferencia de la cultura anglosajona, donde el error es parte del mérito, en países como España el mérito no pasa nunca por la autocrítica.

Por eso es curioso que los principales gestores de un concurso sean profesionales de todo menos de la creación de riqueza. Ni las administraciones, TGSS y Hacienda, ni los administradores concursales, y en la mayoría de casos ni los jueces, saben que es crear una empresa, que dificultades tiene en España, y qué mérito tiene presentar un Concurso ante auténticos desconocedores de la realidad de la calle. Por eso cuando últimamente me piden consejo sobre si presentar concurso o no, ahora ya no dudo: evítelo, y baje la persiana.

Es lo más triste de un país, pero seguramente es la única forma que su vida futura sea tranquila. Luego llorarán TGSS o Hacienda por gestionar menos dinero, llorarán los administradores porque no tendrán clientes, y quizás, solo los jueces, queden satisfechos. Podrán al fin dedicar el tiempo justo y necesario a estudiar los casos como personas no como números. Y, curiosamente, en eso ganarán la Justicia y todos los ciudadanos.

 

 
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