Desigualdad, pensiones y ahorro

En unas breves vacaciones he tenido el placer de leer a un premio Nobel clásico. No se trata de literatura, sino de James E. Meade en un librito titulado Efficiency, Equality and the Ownership of Property.

Publicado hace más de medio siglo, se trata de un estudio sobre las desigualdades de riqueza. El Profesor Meade examina en profundidad los factores económicos, demográficos y sociales que conducen a tales desigualdades. Considera una amplia gama de políticas correctivas: desarrollo educativo, impuestos sobre sucesiones y donaciones relevantes, impuestos sobre el capital elevados, políticas demográficas que favorezcan la natalidad, una acción sindical fuerte, incluso la socialización de la propiedad, desarrollo del capitalismo democrático, expansión del Estado de Bienestar con efectos redistributivos.

Meade resulta especialmente actual cuando reflexiona acerca de la automatización, que puede reducir dramáticamente el uso del factor trabajo.

Medio siglo más tarde, el panorama no muestra grandes avances. Aunque la educación ha sido una forma efectiva de igualar rentas, actualmente no garantiza el acceso a un puesto de trabajo bien remunerado. En España el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones es caótico e incluso hay una tendencia extendida a través de redes sociales para pedir su abolición. Las grandes empresas eluden de forma efectiva niveles de Impuesto sobre la renta de Sociedades elevados. No existe una política mínimamente sensata de natalidad, ni de lucha contra la pobreza infantil. Aunque los políticos miran para otro lado, nuestro Estado del Bienestar es poco efectivo en la redistribución de la renta. En nuestros días hablar de la socialización de la propiedad o de una acción sindical fuerte es tabú.

Y justamente, las dos centrales sindicales mayoritarias lanzan un mensaje de lucha para este otoño: las pensiones. Del comunicado conjunto emitido, y con las ideas de Meade frescas, hay algo que resulta discutible, y cito: Tampoco es una opción trasladar a los trabajadores y trabajadoras individualmente la responsabilidad de dedicar parte de sus ingresos a sistemas privados de pensiones que ni tienen alcance general, ni pueden sustituir al sistema público de pensiones, incrementando la desigualdad.

Coincido en que los sistemas privados de pensiones son más eficaces y más eficientes cuando abarcan a grandes colectivos de trabajadores y en España los planes de empleo son una asignatura pendiente, como he repetido en esta tribuna en múltiples ocasiones. Por citar una de ellas, que pone el acento en sus ventajas les recuerdo "Pensionistas, empresarios y planes". 

Ahora bien, hay que discutir y desmontar la falsa creencia de que los planes de pensiones de empleo incrementan la desigualdad. Como bien señaló Meade, en una economía con dos factores, trabajo y capital, la desigualdad se entiende como diferencia de la riqueza (variable stock) y no tanto de la renta (variable flujo). Y, a su vez, la riqueza de una familia en un determinado año es igual a la del año precedente más su ahorro neto de las rentas de trabajo más la rentabilidad neta obtenida de su patrimonio acumulado.

Así, un rentista es el caso extremo, dado que no tiene rendimientos de trabajo y vive de sus rendimientos de capital. Un proletario clásico es todo lo contrario, no teniendo patrimonio y malviviendo de su salario exclusivamente y sin capacidad de ahorrar.

Es de sobra conocido que la participación de las rentas de trabajo sobre el PIB decrece sistemáticamente en los últimos años y no se atisba un cambio de tendencia. Esto genera desigualdad creciente en favor de los rentistas y en detrimento de los proletarios.

Por ello, una acción tendente a mejorar la situación económica a largo plazo de los trabajadores consiste en luchar por tener planes de empleo en los que vayan acumulando un ahorro, que se rentabilice eficientemente. Facilitar su extensión a la mayor cantidad posible de trabajadores y generar un gran volumen de ahorro a largo plazo es una medida efectiva que tiene la acción sindical para luchar contra la desigualdad de la riqueza.

Los sindicatos deberían priorizarlo en su agenda, constituyendo una decisión estratégica innovadora.

 
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